Bocanadas de Obregón


Alejandro Obregón (1960)
Por Nereo López.



Durante más de veinticinco años, en los gozosos encuentros que Diego tuvo con Alejandro Obregón, el escritor fue tomando nota de las frases, opiniones e ideas del pintor, que como relámpago iluminaban una conversación seria o una charla informal. Diego León Giraldo fue acomulando estas joyas obregonianas que hoy la revista 'Arte' presenta a sus lectores. 

Cierto día de 1991, el Maestro Obregón me miró fijamente y después de agarrar mi atención, dijo: "Durante todo el tiempo que llevas trabajándole a tu libro, han salido varios... ¿Cuándo lo terminarás?"

Y continuó con su mirada, descargada sobre mi sorpresa... Sin embargo, esa pregunta no la contesté. Que mi silencio se escuchó hasta en la cocina de su casa en Cartagena, no lo dudo. Y es que ¿Cómo podía contestarle al Maestro tratándose de una persona como él, con su carga de energía que más bien parecía crecer cada día y a sus velocidades suyas también crecientes, ya se refiera al arte, a los objetos, a los animales, o a un color cualquiera, que parecía salir de la sepultura conceptual con tal carga de ideas precisas o definitivas y aventuras de estilo único, que sólo parecen  haber tenido a Obregón como protagonista?

Es entonces cuando, amenazado por tal cantidad de frases-flecha casi todas llegando preciso al blanco del convencimiento personal, uno hasta llega a desear tirarse al suelo, de un solo golpe, antes que la furia o técnica de la carrera del Maestro, nos lleve por delante y nos deje por ahí clavados en cualquier muro de piedra de la ciudad, sólo porque Obregón ha comenzado a dispararle a la Estética...¿Cómo podía yo, tratar ingenuamente de explicarle a este huracán costeño, que un libro diseñado así, sobre una persona también así, no podía terminarse nunca...?

Mientras tanto, el silencio de los dos se alargó, inclusive, hasta más allá de lo que la estructura de la expectativa suele recomendar.. Fue entonces cuando descubrí que el maestro soltaba una risa discreta, pero franca, sin tampoco decir nada. Y a mí me pareció que el Maestro Obregón, con esa extraña percepción en todo, había percibido también la respuesta que yo callé... ¡De la que me salvé ese día!


Arte y escuela 



Retratos tomados por el fotógrafo colombianos Hernán Díaz.

"Hoy en día no podemos ser aprendices para nada. Tenemos que tener la superioridad de haberlo hecho todo. Por eso estoy en contra de las Escuela de Bellas Artes. ¿Cómo puede uno producir artistas en serie? ¡Cuando en la historia de la humanidad sólo ha habido siete! Me siento mal, pero tengo que decirlo: ¡Es malo estudiar pintura! Se lo dije a López de Mesa, cuando siendo Ministro de Educación me nombró Decano de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia (1949-1950), porque toda ciudad que se respete tiene que tener Escuela de Bellas Artes... 

Entonces le dije: "Aunque todo el mundo tiene la razón, disolvamos la vaina!  Otra cosa es fundar una escuela de oficios". Y es que es inmoral, completamente inmoral, que para salvar a un tipo se sacrifique a 120...porque el que nació pintor, sale, estudie o no, es un sino: pero los 120 que se quedan inyectados, contaminados con la sensibilidad o el virus del arte y no dan, quedan frustrados, amargados completamente para el resto de sus vidas. Así de simple, una abeja que no hace miel se vuelve avispa". 

Y es curiosa la constante fidelidad de Obregón a su manera de pensar, que ni el mismo tiempo logra tapar lo que llegó a sostener hace más de cuarenta años. El escritor Antonio Montaña lo confirma, con sus estudios iniciales en Bellas Artes y sus definitivas ganas de convertirse en pintor. 

Hasta el día que realizaba un dibujo a carboncillo, pasó por el corredor Obregón , y se detuvo sorpresivamente, pero no a mirar el trabajo de Montaña, sino a escucharlo.... El estudiante continuó su trabajo, y entonces Obregón  se vino hacia él y con su extraña terquedad de no mirar el dibujo, sólo se limitó a pegar su oído sobre el carboncillo, diciéndole un momento después: "No insista, usted nunca llegará a pintar..." ¿Por qué? le preguntó indignado. "Porque su carboncillo al dibujar no produce ningún sonido, no tiene misterio..." Y abandonó el salón. Cosa que hizo después Montaña, creyendo lo que había dicho el maestro, y que ahora todavía le agradece...
Medellín, 1963


Idea y palabra



Alejandro Obregón y Álvaro Cepeda Samudio en Barranquilla. Año 195?

"En cuestiones de técnica es obvio, no se puede pensar en palabras. El verbo puede anteceder al acrílico porque un lienzo en blanco produce pánico. Lo primero que hay que hacer es ensuciarlo, aplicar un color de fondo que le quite ese color, asustador a matarse. 
Ciénaga, 1972. 

En mi caso personal, pienso que las palabras sólo sirven para ponerle títulos a los cuadros, que también son un poema de entrada. La gente está entrenada para la palabra. El título es una palmadita en el trasero para que se metan en el cuadro, porque la gente es muy virgen visualmente.  Y la pintura sólo puede ser captada por los ojos.  Está hecha, además, con el órgano más silente de los sentidos.  Todos los órganos hacen ruidos, menos el ojo. ¡Pestañea, carajo, Diego León, sino me crees! 

Un periodista me preguntó una vez lo que debía decir sobre mi exposición... Me tocó contestarle que lo que le dictara el cuadro. Mi pintura no necesita explicaciones: La pintura es el mundo del silencio. Si pudiera trasmitir todo lo que pienso con palabras, entonces no estaría pitando. Aunque no niego que tengo ganas de que alguien me enseñe a escribir... Hazlo tú, Diego León, para que me salgan más baratos los agradecimientos.

¡Sólo a mí me toca pintar las gracias!"
Medellín, 1967.


Forma y espacio 



En la foto Alejandro Obregón. Tomada por Nereo López. Año 1960. 


"Ahora mismo trabajo en lo que me interesa: Me interesa la forma en el espacio, pero ahora no un espacio atmosférico, sino un vacío cóncavo, desconocido e infinito en el que quepan mis formas conocidas. Será porque la alharaca del trópico hace mi pintura. Desde que entra a mi obra el paisaje, trabajo con una horizontal, por que el horizonte es el punto que fija el realismo. Y supongo que fue el mar lo que me sacó  la horizontalidad. La línea divisoria airetierra.

La gente también me pregunta por qué la estructura de mis cuadros es la misma. Y lo hago porque todo convencido se repite. Yo no creo en la imaginación en la pintura. Cualquiera puede imaginarse cosas pero no cualquiera puede pintar. Es el cuento del borracho que exprime un limón y al otro día se dio cuenta que era el canario. Velásquez murió mucho mas viejo que yo y sin embargo se repitió toda la vida".


La técnica

"Como comenzaron a pintarme tanto, me toco pintar muy jodido. Aunque la pintura es puro reflejo, parto de la base de que pinto una cosa para que se vuelva otra. Hay veces que es necesario sacrificar armonía para lograr intensidad. Claro que entre libertad forma, me quedo con la libertad. Porque cuando el arte se vuelve una ciencia pierde toda emoción. 

Sólo cuando uno siente que la técnica es esclava de la emoción, es el momento de pintar en serio. De un combate entre color y forma, resulta siempre una aniquilación de ambos. Hay que lograr compendios para que se puedan entender los colores y las formas. Es como el objeto, que es algo para situar y perforar. Ver hasta dónde llega. Proporción, entonces, es lo que se debe, lo que no se puede, lo que uno quisiera y lo que es posible decir, para que sirva de algo".
Cali, 1966


Acrílico 

"Hoy me gustaría hablar del acrílico. La gente jode mucho con el óleo, que por qué dejé el óleo, etc. Creo que el óleo es completamente obsoleto. Descubrí que el aceite no es para pintar sino para comer... El acrílico es a medida del silo XX. Si Rembrandt viviera ahora estoy seguro que utilizaría el acrílico y no esa grasa que es el óleo...

Hay que tener  también cuidado con el acrílico. No es fácil, se ha tirado a muchos pintores. Hay tantos ejemplos que el argumento hasta perdería validez por inelegante. Es como el color, que es de dentro para fuera. ¿Por qué no pintar una manzana totalmente negra si se puede lograr algo con eso? La luz mata el color. Me explico: La pintura no existe, ni el dibujo existe, hasta tanto está hecho. La gente no tiene líneas, ni color... ni nada. Rojo, digo rojo. ¿Y eso qué es? Una palabra, una palabra que pretende ser un traducción vaga de una sensación de color, porque ese rojo hasta que no lo pongas, no sabes si sirve o no. La palabra rojo no sirve hasta que está pintada. ¡Pero si un cuadro es rojo debe ser rojo hasta matarse".
Bogotá, 1976


Pintura y política 



Retrato de Alejandro Obregón. 

"Desde el año 1948 que pinté 'Las masacres' comienzo a darme cuenta que se puede denunciar, nunca solucionar, porque la pintura no soluciona nada. Digo: El arte es un gran ejemplo de libertad. Libertad es la palabra que más le caza a todo lo que he aprendido a hacer. El pintor tiene que ser honesto, que se le conceda una fe absoluta. Pelea por lo que cree, pero eso no quiere decir que todos los pintores buenos sean hombres de izquierda.

 El pintor registra, sólo eso. La política ata y el arte no puede ser atado ni siquiera a la ética política de uno: Uno es catalizador de mil vainas. En mi caso, mi rebelión es personal, me hago pintor por contradecir por contradicción. Hay que untarse de mucha porquería para poder producir la limpieza. 

Ser el mejor pintor del país es fácil. No hay sino que saber hacer trampa. Pero espera, espera, quiero decir que hay que estar convencido, pero no hay que creérselo mucho... eso te da libertad. 

¿Chivos expiatorios? Primero que todo el gesto de la pata de cabra. La forma (se refería al tema de chivos y cabras que Obregón pintaba por es época). Además, hoy nadie admite la culpa de nadie:Yo no fui, fue aquél... En esta sociedad siempre se andan buscando chivos expiatorios; está llena de ellos. Y el pintor que piensa es peligrosísimo, y el que da reportajes, un desastre. Ver, participar y no opinar. ¡Crear un estado de ánimo!

Yo soy pintor... No me embarco en política. Gesticulo ideas, ¡que carajo! Un día formo un mierdero con un cuadro sobre Camilo Torres el cura guerrillero y al otro día pinto una naturaleza muerta. La gente se desconcierta y es que no saben que a mí no me motivan las grandes verdades porque las verdades sólo sirven para ponerles otra encima. Y así sucesivamente, como si cada grito tuviera su medida. 

Admiro a Piero della Francesca por el silencio de su pintura, y a Rembrandt y Goya por la rebeldía contra la injusticia que emana de sus cuadros. Hay extrañas coincidencias en la vida de los pintores a pesar de que el tiempo y las circunstancias los separen.

Goya pinta una monarquía española en toda su fealdad y sus defectos, sin que ésta lo rechace. Rembrandt cae en desgracia por 'La ronda de la noche' en que por razones plásticas coloca al soldado en primer plano y al general al fondo. 

Es que hay que unir ética y estética, porque carajo no es justo que haya gente con cinco en talento y que sea de quinta en su comportamiento. 

Tampoco importa denunciar lo auténtico y lo inauténtico para referirse a ciertas formas del arte. Las cosas se hacen porque a uno le da la gana. Eso sí, ¡mientras la gana sea mejor que la copia!

Discreción. Lo que pasa es que hay que ser impertinentes porque es la única forma como le pasan vainas a uno. Aunque de mi padre aprendí la discreción y eso lo hace a uno tímido. Por eso bebo solo para llegar al punto en que me atrevo a hablar. ¡El ideal es ser hijo de aristócrata y puta!"



Moral 

"Ese gran chivo expiatorio que fue Feliza me dijo un día que era inmoral que le pagaran a uno por aquello que le produce a uno tanto placer. Yo vendo mis cuadros porque desde el momento en que la pintura se vuelve una profesión es respetable y hay que vivir de eso." Cali, 1965. 

Fotografía tomada por Hernán Díaz  en el estudio de Alejandro Obregón en Barranquilla. Año 1962

Arte y velocidad 

"Pintar es difícil. Tal vez el mayor desafío sea la rapidez con que cambian las emociones y sensaciones del artista. Peor ahora que la pintura se puso de moda. La esencia de la moda es la impertinencia y la esencia del arte es la permanencia. Por la velocidad de la época no se madura nada. El pintor requiere una concentración absoluta y concentrarse ahora es como tratar de cerrar una puerta contra un huracán. 

Es que andar más de 80 es de mal gusto. El arte cambia sólo con la prisa. Como la efigie a través de los años. Es casi imperceptible. Y ya suena anacrónico el que trata de madurar una obra luchando contra el tiempo. Porque estamos pintando en una época en donde el gusto es completamente inestable. Cambia el diseño, cambia todo. Y está bien que por estos cambios se joda un telar. Pero que no se joda un artista.

Por eso uno debe cambiar sólo cuando le da la gana. No es fórmula. Yo no tengo fórmula, es un derecho propio. Toda mi pintura es un gesto muy armónico, muy en correspondencia con lo que soy. Y como el artista es concordancia, todos mis cuadros se parecen de algún modo a mí mismo. 

Y lo raro es que los gustos de la comida no cambien, pero en arte sí, además de que se está perdiendo el respeto por el arte: no saben, carajo, que la pintura  es muy sensible a todas impropiedades de la gente".
Cali 1965


Marta Traba 
(Después que ella cambió el país)

"¿Qué opino yo de Marta? Présteme el papel y te lo escribo, porque me da pena decirlo... (Obregón escribió, seguro, en el papel y me lo pasó, siempre mirando a otro lado En la libreta estaba escrito): Marta Traba 'Descubrió la vida para perder el arte'.
Cali, 1965.


Entusiasmo

"Cuando se anda estusiasmado, basta con el deseo y cualquier cosa puede suceder..."
1989.


Soledad

"Sólo que cuando la soledad así súbita, gris y malva me agarra, es capaz de meterme en un socavón tan hondo, que no sé salir de él... Es un hueco tan hondo, que ni siquiera me provoca pintar, en el que me siento descender, descender.... Hasta un fondo desdichado."
Cartagena, 1989.


Decir

"Uno dice cosas para ver qué pasa. Dice cosas por oírse... Y no sé por qué, uno tiene que ser responsable con lo que no es lo de uno. Mira, ¡a mí me da miedo a hacer daño, a algo que explote, a algo que se estrelle. Digamos que estoy muerto del susto...

¡Qué vaina! ¡Me siento atrozmente divorciado de todo el mundo!

Oye bien, carajo, en la vida me interesan sólo cuatro cosas: Primero, tres kilómetros detrás viene la pasión, luego, a los cuatro, el arte y por ahí a los ocho kilómetros, la lógica..." Cali, 1969. 



En esta imagen se ven a los pintores: (De izquierda a derecha) Enrique Grau, Guillermo Wiedema, Fernando Botero (sentado), Alejandro Obregón,, Armando Villegas y Eduardo Ramírez Villamizar (sentado). Fotografía tomado por Hernán Díaz. Año 1962. 

Cultura

"En estos día dije en una entrevista que teníamos un cultura donde la repisa es tan pequeña que caben muy pocos. Para subirse muchos creen que hay que bajar a los otros. Colombia no tiene personalidad. Y la seriedad del arte es muy recóndita. 

Los extremos confrontados siempre producen una sensatez amable. Esto vale también con los valores y con los tonos.

Te repito que en Colombia se ha perdido la fe. Somos sólo medios sofisticados. Aquí todos somos coge-culos...
Colombia se ha vuelto popular. 

Alguna gente tiene belleza, otros, hacen de la belleza una profesión por medio de estudiarla y verla de afuera hacia adentro y no (como debe ser) de adentro hacia afuera. Es que un pintor tiene que tener dos clases de simplicidad: una para los niños y otra para los que están creciendo..."
Bogotá, 1981


Arte 

"Arte, es escaparse de lo vulgar. También es la belleza que uno lleva dentro de uno mismo. Es apenas tratar de entender lo bonito, o lo de bello que uno es. Arte, es también el hacer que la gente vea algo que no pueden soportar".


Armonía

"Un pintor nunca es producto del talento. Es un producto de la injusticia y del balance, que es donde se encuentra la armonía."


Yo

"¿Yo? Quiero seguir flotando en la pintura ¡Si te hundes, te jodes!"
Cali, 1966.



Tomado de la revista de arte y cultura  'Arte' del Museo de Arte de Bogotá. Edición 13. Año 1992.






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