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Mostrando entradas de junio, 2015

Las tres de la tarde, hora ideal para ver cine

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¿Por qué va usted a matinée?



           El sentimiento de culpa del matineé. "La peor manera de trasnocharse". La función ideal para el especialista. Cuando tenga un problema sin solución, váyase a metinée.
       Alas tres de la tarde y mientras la ciudad trabaja, un moderno automóvil particular se detiene frente a un teatro. El chofer sin uniforme desciende del vehículo, abre sin ceremonia la portezuela posterior y da paso a un anciano pequeño, con piel de fruta deshidratada y escrupulosamente vestido, que se dirige a la entrada del teatro arrastrando los pies mientras el conductor de su automóvil compra la boleta. 
         Cuesta trabajo creer que a esa hora pueda haber ambiente para un espectáculo de cine. La encargada de vender las boletas para las funciones de las tres y quince es casi siempre la misma que vende las boletas de la función nocturna. Pero tiene una apariencia enteramente distinta. A las tres de la tarde, el suyo es un trabajo rutinario, sin ningún atractiv…

Mi pobre máquina

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El linotipista de SEMANA--o como le digan ahora a ese que antiguamente se llamaba linotipista--se va a llevar la sorpresa más grande de su vida cuando le llegue esta crónica escrita a mano, con letra temblorosa, en renglones torcidos y de pronto con algunos caracteres ilegibles.

          Pero como todo tiene su explicación en esta vida, menos la muerte, me voy a tomar el trabajo de contarles lo que ha sucedido. Escribo a las once de la noche acorralado por el insomnio, en medio del silencio que arropa al mundo. Acabo de descubrir, entre otras cosas, que el silencio se oye como si fuera un ruido. Hay un rumor sordo entre la quietud.

          Estoy vestido con una alcandora de dril para mitigar el frío. Me veo en la obligación de utilizar un lápiz viejo, de punta roma, porque mi máquina de escribir, de súbito, ha sufrido un colapso. Por los síntomas que alcanzo a percibir podría diagnosticar que se trata de un ataque de apoplejía. Renquea penosamente y se niega a seguir trabajando.

     …

Béisbol: juego de astronautas y poetas

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         Mientras llevo a cuestas la pesada maleta de mi mujer, por los interminables pasillos del aeropuerto, me detiene un jovencito con el propósito de preguntarme cómo hace para aprender a jugar béisbol. O por lo menos para entenderlo. Es estudiante y tiene cara de serlo. Tiene 14 años y sus abuelos llegaron de Montería hace más de medio siglo. Me imagino, ahora que está creciendo, que sus ancestros caribes lo están llamando a través del río de la sangre. A lo mejor en su casa bogotana todavía almuerzan los sábados con mote de queso y caballito de papaya revuelto con piña, mientras oyen en el tocadiscos un porro de San Pelayo.


Aprovecho la pausa de su pregunta para descansar y le digo, jadeando por culpa del equipaje, que ya es muy tarde para esas iniciaciones. El muchacho, consciente de su adolescencia, me mira perplejo, pero yo no tengo tiempo de explicárselo, porque llegó la hora del abordaje y mi mujer me mira con la misma cara de reproche que pone cada vez que me detengo a con…

La arruga es bella...

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Cuando el diseñador español Adolfo Domínguez impuso en el mercado, hace veinte años, la ropa de lino, transmitió un mensaje subliminal a su distinguida clientela: la arruga es bella . Mató dos pájaros de un tiro: recordó que la perfección del planchado era una convención mandada a recoger y que la arruga, en la ropa y en los rostros, daba un toque de distinción a sus portadores. Mejor dicho, a sus beneficiarios.


         El lino y el rostro. Si la calidad del tejido se medía por las arrugas que daban un toque de negligencia al vestido masculino o femenino, esas mismas arrugas, obra del tiempo que pasa por los seres humanos, embellecían como embellece la plenitud de la vida.

        La obsesión por disputarle al tiempo el efecto que causa sobre la piel se ha convertido en la última década en la base de un inmenso negocio de reingeniería estética. Mujeres y hombres acuden al colosal mercado de los cosméticos y a las clínicas de cirugía estética para borrar las huellas que la vida imprime …