La línea


Tomada de smoda.elpais.com


       El mundo femenino está de plácemes con la llegada al comercio de un famoso producto adelgazador que dizque obra verdaderos prodigios. Es un polvo con sabroso sabor a vainilla y otras esencias ---propias para atraer a las señoras golosas--- que disuelto en agua y tomado tres veces al día, aparta de la mente de los gordos la imagen de un pollo frito... una esponjosa tortilla...un bistec con tocineta...una crema de ostras o cualquiera otra tentación en las que los hacen caer tan frecuentemente.  Nutriéndonos además con sus vitaminas y dejándonos perfectamente satisfechos. 

        Todo esto puede ser muy cierto. Pero también debe serlo que la tal "colada" lleve consigo la melancolía al espíritu de quien la toma. Ella ha sido la compañera inseparable de todo régimen alimenticio, porque el hecho de acercarse a la mesa para no comer, o comer con desagrado es para cualquiera motivo de sufrimiento moral. 

       Hace muchos años se puso también de moda una dieta milagrosa, a la cual me referí en el siguiente comentario que vuelve a ser de actualidad. 

       "La palabra línea sugiere rectitud, impone sacrificio y es respetable: Línea de conducta... línea de combate...línea de fuego...Pero llega a su significado máximo cuando se dice línea femenina...".

        En honor a la línea corporal muchas mujeres no solamente sacrifican todo deleite gastronómico, sino que lleguen hasta el heroísmo. 

        Cuando la aguja de la balanza pasa de límite exigido por las reglas de la estética, la señora que se pase exhala un triste suspiro y oculta muy bien en la secreta de su billetera el desdoroso comprobante.... Tomando la resolución de empezar en propia hora el tratamiento cumbre conocido con el nombre de "régimen de la manzana". Esta dieta, efectiva sin duda, es un programa de hambre más o menos así: Desayuno: una taza de café tinto sin azúcar y una manzana. Almuerzo: cuatro hojas de lechuga, un huevo cocido y una manzana. (Les faltó el canario...) Comida: una taza de caldo desgrasado, una tostada de pan, legumbres cocidas y una manzana. 

        Todo marcha a las mil maravillas. La señora se siente más ágil, se deleita ante el espejo observando los sorprendentes resultados y tiene que buscar costurera para que les varié las medidas a los trajes... Pero el régimen sigue y en la tercera semana sufre algunas variaciones de consideración.:

         Desayuno: jugo de naranja, una tajada de queso, riña con el marido... y una manzana. Almuerzo: jamón magro, "echada" del servicio ... medio tomate y una manzana. Comida: un vaso de leches descremada , un huevo escalfado, zanahoria cruda, "pataleta" ... llanto y una manzana. 

        Si el carácter no sufriera menoscabo con el régimen, todas las mujeres, jóvenes y viejas, haríamos algo por contribuir a la belleza de la raza, luciendo por las calles siluetas impecables. Pero ocurre que a muchas, el hambre nos reduce el espíritu a las más mínima expresión: se nos olvida charlar y sonreír... las ideas abandonan su morada... los presentimientos siniestros nos asedian... y  el sueño se niega a visitarnos sin la compañía de las drogas sedantes.

       No hay más remedio pues, que aceptar con resignación esa carga (que por fortuna pesa más al público que a quien la lleva a cuestas) con fortuna pesa más al público que a quien la lleva a cuestas) con la seguridad de que ella, por desgracia, será eterna. Pues para colmo de males, Dios Nuestro Señor nos quitó toda esperanza de mejorar siquiera en la otra vida; al notificarnos ---por boca de sus profetas--- que el día del gran juicio resucitaremos con los mismos cuerpos que tuvimos en la tierra... ¡Qué lástima! Ni aun en el cielo podremos usa "sueter" y prescindir de la estorbosa fajita...


Escrito por Sofía Ospina de Navarro.
Tomado de crónicas. 1983. Medellín


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