martes, 23 de septiembre de 2014

El nadaísta Elmo Valencia...




Elmo Valencia


Eduardo Escobar, Jotamario Arbeláez y Elmo Valencia, en el café El Automático 


Por Gonzalo Arango



     “La fidelidad no es una virtud ni un prejuicio, sino una amistad hacia Fidel”. ---“Camilo no disparó contra los soldados, sino los soldados contra él. La prueba es que lo mataron”. --- “Francois Sagan me dijo en París: si el nadaísmo tuviera importancia, hoy no sería tan importante”. ---

        Elmo Valencia, alias el “Monje loco”, nació en Cali, hace de eso tanto tiempo que ya no quiero ni pensarlo. Hijo de familia de clase media venida a menos. Su único patrimonio era una casita que vendieron para mandar a estudiar a Elmo a los Estados Unidos, lo cual fue un perdedero de tiempo y de plata. Elmo estudió ingenería electrónica en USA, pero después de seis años se graduó de parásito lareado. Hizo sus primeras armas literarias con los Beatniks y en la “Army” norteamericana como “marine”. Su servicio militar lo hizo en el mar, bajo las ódenes del general McKarthur, a quien Elmo recuerda con cariño como “mi amigo Mac”. Aunque es cobarde no se las dio de héroe y por eso está vivo. Políticamente era partidario de las piernas de Marilyn Monroe, más que de la “Doctrina Monroe”, pues Elmo no cree en la Casa Blanca, ni en la Plaza Roja, ni en Rojas Pinilla.

        A los dos años de navegar por cuatro mares, fue dado “ de alta”, o más bien “ de baja”, debido a que Elmo es el nadaísta más chiquito de Colombia: mide un metro con 53 centímetros. Esto no significa que no sea también uno de los más altos valores de nuestra generación.

         Al regresar a su patría después de diez años de ausencia, encontró que el nadaísmo era el movimiento más inteligente del país, después de la violencia, y se dedicó a hacer de la literatura un crimen prefecto.

          A pesar de su inteligencia, Elmo camina como un cangrejo, muy desbaratado, pero tiene fama de ser el bailarín más rítmico de los escritores de vanguardia. Entre otras cosas es un as de copas para el ron y el cha cha chá.

        Los deportes predilectos de Elmo son la pereza y el fútbol. No creo que exista ningún ideal por el que Elmo estuviera dispuesto a sacrificar su vida. Pero hay una cosa por la que Elmo se haría matar: por el “Deportivo Cali”.

         Elmo, a la luz del psicoanálisis, padece el “complejo de Lolita”, descubierto recientemente por el novelista Vladimir Nvokov. Esto es apenas natural si consideramos que Elmo ya está cruzando el río de la vida y acercándose a la otra orillas. Pero para ser justo con él, tengo que reconocer que posee el espíritu más juvenil, la risa que le haría falta a Dios para reírse de nosotros, con inocencia.

           Cada que Elmo consigue 20 pesos por un poema, o por un amigo, coge un bus de la Flota Magdalena con rumbo a Manizales donde tiene una novia de 14 abriles. En Cali posee también su harem, mejor dicho, si kínder. Pues Elmo, ahí donde lo ven tan chiquito, inspira en sus muchachas un amor casi paternal.

        Nadie se casará con Elmo, por dos razones: primero, porque tiene el defecto de ser muy inteligente, y segundo, porque aunque Elmo es ingeniero electrónico graduado en Michigan, nunca tiene un peso para invitar a su novia a comer helados. Pero cuando le pagan cien pesos por una conferencia, como alguna vez en Manizales, entonces se desquita y compra en el “Ley” un tarro de “Saltinas La Rosa”, que su novia le agradece con más gusto que si le hubiera regalado un ramo de flores.

            Hace años Elmo se embarcó en una  aventura con un grupo de poetas y muchachas en busca de una isla perdida en el pacífico. Par ellos ese sueño se llamó “Islanada”. Elmo era el capitán de la expedición, y sin saber para donde iban se bajaron en el primer terronero que encontraron al salir de la Bahía de Tumaco. Allá se murieron de hambre y sólo comían pescado del que les regalaban algunos pescadores que de pronto pasaban por ahí. Como no se amaban entre sí, terminaron por odiarse, y a los 20 días abandonaron  “Islanada”, cada uno como pudo, en lanchas o en canoas de pescadores que volvían a Tumaco.

          Elmo fue el último en dejar la isla, pero nunca llegó a Tumaco. Allá le esperaba el resto de la expedición para partir hacia Cali. Después de un mes los periódicos registraron la noticia de su muerte. Un titular anunciaba que Elmo había perecido ahogado en el Pacífico. Nunca olvidaré aquellas lágrimas de J.Mario y yo en Bogotá, al saber la muerte de nuestro amigo.



          Sin embargo, se daba alguna esperanza de que Elmo apareciera. La “Séptima flota” de Tumaco lo buscaba en todas las islas, en todas las costas, inútilmente. Nosotros pensábamos en que a X- 504 se lo había tragado una ballena –como él dice en uno de sus poemas--, a Elmo se lo debió tragar un camarón.

           Como los periódicos no volvieron a decir nada, los nadaístas nos resignamos a su muerte, lentamente lo fuimos olvidando, y todas las noches nos seguimos emborrachando. Entre tanto, Elmo había desembarcado vivo en otras playas, más allá de las cuales empezaban las selvas del Río Mira. Al pedir trabajo en un aserradero, lo nombraron inspector de Bosques, con 200 pesos de sueldo. No tenía que hacer nada, excepto mirar los árboles y dormir a es la mar de perezoso, se buscó una negrita para que le preparara su ración de tiburón tres veces al día. Por culpa del tiburón, Elmo y la negrita terminaron durmiendo juntos, y entre los dos hicieron un negrito a quien bautizaron Hamlet Breton Valencia, en homenaje a Shakespeare y al fundador del surrealismo. El bichito Hamlet Breton gozó de una efímera y miserable existencia, y a los dos meses murió de un ataque de lombrices. Emérica, que así se llamaba la negrita, estuvo inconsolable, y le echó toda la culpa al tiburón de Elmo, cuya carne es maligna según supersticiones de los nativos.

              Dos años después, Elmo renunció a la maderera, y con la cesantía fundó un restaurante en la Bahía de Tumaco, en compañía de Emérica  Preciado. Se llamaba “Sancochería Nadaísta”, y allá se podía almorzar por 80 centavos. Era un hueco oscuro, lleno de moscas y de ollín, más sórdido que el infierno. El “Restaurante” era administrador por suegra, una viejita sin edad que usaba sombrero de paja, y tenía un solo colmillo filudo como un arpón. Se llamaba “mamá Pacha”.

             Mientras Emérica se pasaba pescando tortugas en el mar para el restaurante, Elmo se la pasaba leyendo a Rimbaud en un rancho de paja frente a la bahía, y por las noches en las tabernas jugando billas o bebiendo ron con las ganancias de la sancochería.

        Cuando volvía al rancho a media noche o al amanecer, ebrio de ron y de sexo, le pegaba a su mujer como cualquier camaján de barriada, y si hacía tempestad y el océano rugía, Elmo desafiaba a las potencias tenebrosas de la naturaleza, y en el colmo del delirio hacía oír el viejo grito de Rimbaud al abandonar a Europa: “Ahora estoy maldito, tengo horror a la patria. Lo mejor es dormir completamente ebrio sobre la playa… Esclavos, no maldigamos la vida”.

           La pobre Emérita al oír estos aullidos en medio de la tormenta, pensaba que “don Elmo” estaba loco, y se iba a dormir al rancho de su mamá, pues Emérita sólo tenía 15 años.
Al fin Elmo empezó a aburrirse como un condenado en aquel infierno de negritud y calor, y lo mandó todo al carajo: al mar, a Emérita, y al restaurante nadaísta. Como no tenía dinero, un aviador que había oído hablar de su aventura, al saber que eran el gran escritor náufrafo Elmo Valencia, lo llevó gratis a Cali, como carga.

     En Cali empezó a escribir una novela con sus aventuras marinas que tituló “Islanada”, pero hace ya 5 años que escribe y nada que termina.


Tomado de Revista Cromos, Reportaje en Onda Corta. 
5 de septiembre de 1966



jueves, 18 de septiembre de 2014

La actitud del té...




La actitud del té

Tomada de http://lafotoquemegusta.wordpress.com/


Por Rafael Chaparro Madiado


        Tomar café no es lo mismo que tomar té. Mientras el café es la bebida del estrés, el té es la bebida de la tranquilidad. Por cuestión de uso social el café se ha constituido en una bebida que ha perdido su valor sagrado. El café como el té son bebidas estimulantes y fueron diseñadas para tomarlas en momentos y en lugares especiales. Sin embargo, el café ha pasado de ser una bebida de reyes y se ha constituido en una bebida de oficinistas. Ahora se toma un café en cualquier momento, porque sí. Ya no es una bebida para el espíritu, para la palabra. Se ha convertido en una bebida vulgar a la que ahora para terminar de completar se le añada Nutrasweet.

       Por el contrario con el té todavía queda una mínima esperanza. El té es la bebida para sentarse en una tarde de lluvia frente a una ventana. Es la bebida roja para leer un libro de Chesterton, es esa bebida pausada que al contrario del café, que se siente en el estómago, el té se siente regado en los pulmones, en el sistema nervioso central, en la punta de los dedos, en la lengua, en el aire, en las nubes, en la copa de los árboles, en las briznas del fuego.

       Me quedo con el té. Me quedo con su sabor extraño. Con su sabor a árbol rojo, con su sabor a viento amarillo, con su recuerdo de elefantes grises bajo la lluvia remota de Oriente. Me quedo con el sabor del té en la lengua, ese sabor que tiempla el ánimo y lo pone a la temperatura ideal: la temperatura de la lluvia que cae sobre todos los parques del mundo a las cinco de la tarde mientras los gatos se escabullen sobre los techos y las palomas se mueren de tristeza en la hierba fresca. La temperatura de la niebla cuando suenan todas las campanas de todas las iglesias del mundo mientras en los bares el humo se condensa y suena un blues triste.


La prensa, 5 de marzo de 1995

Rafaek Chaparro Mediado fue un joven escritor bogotano que murió en 1955, a los 31 años. Estudio filosofía y letras en la Universidad de los Ande. Se destacó como periodista cultural en La prensa, diario donde también publicó una columna urbana, cruzada por sus amores literarios, el rock y el cine. Fue Premio Nacional de Literatura en 1992 con la novela Opio en las nubes, cuyos temas urbanos permearon en buena medida su columna. La Universidad de Antioquia publicó una selección de sus artículos titulada Zoológicos urbanos. Historias mutantes. 

Tomado de Antología de notas ligeras colombianas. Maryluz Vallejo y Daniel Samper Pizano. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Allende quedó mudo y Jara no volvió a cantar






LA TRISTE CANCIÓN CHILENA


Salvador Allende. Tomado de http://aristeguinoticias.com/



Por Estefania Almonacid



       El 11 de septiembre de 1973 Chile dejó ser la misma, hace 41 años el presidente comunista Salvador Allende y el gobierno de la Unidad Popular fueron derrocados por fuerzas militares dirigidas por Augusto Pinochet. El asalto al Palacio de la Moneda sufrió el horror de escuchar miles de disparos, pero quedó paralizado al ruido más fuerte, proveniente de un fusil AK-47, el arma con que Allende terminó con su vida.

         El último comunicado de Salvador Allende fue: "¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición". El último poema de Víctor Jara dice: “Somos cinco mil/en esta pequeña parte de la ciudad./Somos cinco mil/¿Cuántos seremos en total/en las ciudades y en todo el país?/Solo aquí/diez mil manos siembran/y hacen andar las fábricas./¡Cuánta humanidad/con hambre, frío, pánico, dolor,/presión moral, terror y locura!...”.

        Allende murió el 11 de septiembre de 1973, Jara muere el 17 de septiembre del mismo año; los dos eran chilenos, los dos pertenecían al Partido Comunista de Chile; Salvador fue presidente y Víctor cantautor, ambos fueron víctimas del golpe militar, ambos fueron silenciados violentamente, ambos símbolos de un recuerdo que marcó la historia de Latinoamérica.

          En la madrugada del martes 11 de septiembre de 1973, el cielo de Chile se tornaría gris y se opacaría el aguamarina que caracteriza la nación; fuerzas armadas se tomaron Valparaíso, ciudad ubicada en el  litoral central de Chile. Los presentimientos empezaron a invadir a Salvador Allende cuando se dirigía, a las 7:20 de la mañana en su automóvil Fiat, acompañado con su grupo de seguridad, al Palacio de la Moneda. Al medio día aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea comenzaron su ofensiva contra el Palacio en Santiago de Chile. Allende vivió lo peor al sentir los estruendos y ver la polvareda del edifico derrumbándose, era el enfrentamiento de dos ideologías, una izquierda pacífica y otra derecha armada.



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Víctor Jara. Tomado de http://albertohugorojas.blogspot.com/
          El cantautor y militante comunista, Víctor Jara, cantaría el 11 de septiembre en un acto de Salvador Allende en el campus de la Universidad Técnica de Estado, el evento tenía como objetivo llamar a un plebiscito para que Chile decidiera si Allende continuaba en el poder. Jara de cuarenta años llega a las 11 de la mañana, una hora antes de la que estaba programado el evento, pero no alcanzó a descargar su guitarra cuando los organizadores le preguntan si sabía lo que estaba pasando, él les respondió “---Claro que sé, pero oí por la radio Magallanes que había que ir a sus puestos de trabajo. Bueno, yo trabajo acá y acá estoy----”. 

         Ese mismo día a las 2 de la tarde se dio el toque de queda, por lo tanto, Víctor Jara, cerca de 600 académicos, estudiantes y funcionarios, decidieron quedarse temiendo que los militantes invadieran la universidad. Entonces sucedió lo temido, en la madrugada del 12 de septiembre, militantes entraron a la universidad y reprimieron a todos los que se encontraban en el campus, fueron sacados y llevados en camiones al Estadio de Chile, lugar donde las manos de Jara fueron destruidas para que no volvieran a sonar los acordes que ensordecían la humanidad de los dictadores.

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         En 1970, Salvador Allende había sido electo democráticamente por el pueblo chileno como presidente, era el primer presidente socialista en occidente que accedía al poder por elecciones generales. Allende debía salvar a Chile de la crisis en que estaba sumida, no obstante, durante su presidencia se disparó la inflación y se registró escasez de bienes básicos, el descontento social y militar estaba sumido. Por esta razón, el golpe de Estado eran un crimen anunciado,  el Tanquetazo, en julio del 73, fue la sentencia en el desencadenamiento de un pueblo dividió en dos.

          Cuando el Palacio empezaba a trastornarse, Allende trasmitió cuatro mensajes, el primero a las 7:55 de la mañana en el que decía que Valparaíso había sido atacada, pero que en Santiago ---"no se había producido ningún movimiento extraordinario"—. El segundo mensaje fue a las 8:15 cuando comunica que mandó al ejército a Valparaíso por una insurrección golpista. El tercer mensaje fue a las 8:45, Allende comenzó diciendo: 
----“Compañeros que me escuchan: la situación es crítica, hacemos frente a un golpe de Estado en el que participa la mayoría de las Fuerzas Armadas”—--. Por cuarto y último comunicado se oye el escalofrío de una voz que ya anticipaba la muerte: --“… Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano…”--. Eran las 9:10 y Allende fue olvidando la hora y sus lentes de marco negro y gruesos que lo caracterizaban se entorpecieron por el retumbar de las paredes.

         Chile no estaba solo con sus odios y fracasos porque Estados Unidos vigilaba los hechos detonantes, la agencia de inteligencia de los Estados Unidos (CIA) fue ficha clave en la convulsión, ellos dieron apoyo con armamento a grupos militares para acabar con Allende, trabajadores e intelectuales de forma definitiva. Sin embargo, Salvador no esperó a que vinieran por él y lo extendieran como una bandera de orgullo por su derrota, por eso acabó con su vida. Según el testimonio del médico Patricio Guijón, Allende se disparó en la barbilla con el fusil, que le había regalado Fidel Castro. Después vino la represión y por 17 años el general Augusto Pinochet se tomó el poder y Salvador ya no pudo salvar la patria.

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Víctor Jara. Tomada de http://www.latercera.com/
              —Mira mis manos… mira mis manos… me las machacaron para que nunca volviera a tocar la guitarra…”— le dijo Jara al periodista Sergio Gutiérrez al reconocerse en el mismo lugar donde los estaban torturando, recuerda que“sus manos, esas milagrosas manos, cuyos dedos deleitaban a millares de trabajadores e intelectuales al pulsar las cuerdas de la guitarra para acompañar sus canciones de protesta y esperanza, ya no eran tales. Estaban hinchadas y parecían tener un solo dedo, gordo y recubierto de sangre. Las pocas uñas que le quedaban estaban negras en su totalidad. Eran las manos más golpeadas que había visto en mi vida.

         Jara no pudo salvarse de las manos iracundas, murió acribillado con 44 disparos después de  haber jugado con él a la ruleta rusa. El cuerpo del cantautor fue hallado a un costado del Cementerio Metropolitano; antes de que lo llevaran a una fosa común unos pobladores lo encontraron el 18 de septiembre, el cuerpo fue trasladado a Medicina Legal donde una trabajadora de militancia comunista lo reconoció y le avisó a su esposa, Joan Turner. Lo enterraron en silencio en el Cementerio Central y sus dos hijas le cantaron la última canción triste.

       Salvador y Víctor habían muerto,  también  3.200 chilenos asesinados, 1.190 desaparecidos, 33.000 sufrieron tortura y encarcelamiento, todos los delitos realizados por el Estado. A su vez, el destierro empeoró los miedos, miles de chilenos se exiliaron durante la dictadura de Pinochet y el que se quedaba debía atenerse a un país sin libertad de expresión, partidos políticos, Congreso Nacional y sin democracia. Después de todo ¿un país con tantos muertos y 17 años de dictadura se puede curar? ¿El presidente y el cantautor que representan un país herido fueron silenciados por siempre?

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         En la Plaza de la Constitución frente a la Plaza de la Moneda se iniciaron las conmemoraciones públicas, luego de cumplirse 41 años del Golpe Militar que acabó con la aparente tranquilidad de Chile. Asimismo, en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos donde están todos los retratos de las víctimas no son suficientes; representantes partidistas de izquierda, huérfanos, organizaciones de derechos humanos y asociaciones chilenas se reunieron para recordar y clamar de nuevo por la justicia.

         El 8 de septiembre se realizó la tradicional romería al Memorial de los Detenidos, Desaparecidos y Ejecutados, en el Cementerio General de Santiago, también, la candidata presidencial Michelle Bachelet dio un discurso en el Museo de la Memoria y uno de los eventos más esperados fue la titulación Post Morten para los estudiantes desaparecidos y ejecutados durante los años de la dictadura, y quienes no alcanzaron a terminar sus estudios.

            Los recuerdos y las conmemoraciones no son en vano, a pesar de que todavía en Chile hayan rastros de división política, que existan huellas de los 17 años de dictadura,que haya un senador de la derecha que diga que no hay nada porqué pedir perdón y que el pueblo unido sí fue vencido, Jara cantó lo contrario y eso no lo borra nadie.

2014

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Diatriba a Julio Iglesias...





Julio Iglesias. Tomado de
 http://valenpedia.lasprovincias.es/

Música látex




Por Mauricio Pombo







      Es difícil pensar algo más lejano a la música que la música de fondo. Me refiero a esas melodías que se oyen en los consultorios o, también, en los aviones mientras se acomodan los pasajeros. Se parece, en términos olfativos, a aquellos olores artificiales que tiene los baños públicos para ocultar los malos olores reales. Se trata de buenos olores malos; no huelen a pan caliente recién horneados ni a pasto recién cortado. Huelen inmundo, aunque un poco menos mal que los olores reales que ocultan. Pero huelen feo.

       Pero no. Existen algo aún peor, y me refiero a la música sin fondo; concretamente a Julio Iglesias. Ni siquiera podría denominarse música light el esperpento que sale de su garganta. Me atrevería a acuñar un concepto y llamarla música látex. Se trata de un personaje que canta como si estuviera metido entre un condón. Cante lo que cante, el tipo en cuestión se encarga de eliminar todos los espermatozoides que hubieran tenido la versión original. Su voz es un congelador de emociones y sus arreglos actúan como un paredón de fusilamiento en el que se ejecutan (matan) y no se ejecutan (interpretan) las notas musicales.

        El resultado final de las interpretaciones de Julio Iglesias se parece al sonido ese que producen ciertos teclados eléctricos con los que se suelen amenizar matrimonios, fiestas de quince años y otras detestables celebraciones. Esos instrumentos que traen incorporados ritmos pregrabados que pretenden reemplazar la percusión y que aspiran a imitar violines, bajos, trompetas y trombones. Un instrumento asesino, un teclado látex, un antecesor mecánico de Julio Iglesias. 

       
        Antes de Julio hubo intentos por preservar entre un preservativo la música de los sesenta y setenta. Las orquestas de Paul Mauriat y Frank Purcell, se encargaron de encondonar los grandes éxitos de los Beatles y los Rolling Stones. De un steak tartare musical hacían una insípida hamburgesa vegetariana. Ese es el truco: vender, como lo hace Julio Iglesias, comidas rápidas musicales para gente sin papilas auditivas.

      Iglesias no es un cantautor ya que ni canta ni es autor. Podría denominarlo un matautor. No entiendo por qué no le llueven demandas de quienes crearon las canciones que él recicla o tritura tras haberlas metido entre esos cauchos previamente esterilizados y humedecidos. 

     El fenómeno que vengo describiendo tiene sus émulos en las artes, la literatura y la política. Un buen regalo de matrimonio ---me refiero a uno de esos matrimonios descritos anteriormente --- sería un cuadro de Gordillo, un cuadro látex. Quien quiera regalar literatura: un libro de Coelho no debe faltar, un libro látex. En música, bueno, obviamente los grandes éxitos del personajes de esta columna, sin importar el idioma en que cante, pues, da igual, al fin y al cabo acaba, en su bobaloconería, hasta con el significado del cualquier palabra. 

       
       Todos ellos, los creadores mencionados, les quitan envergadura a su oficio; una manera de lograr los propósitos del condón sin aprovechar sus bondades. Hay también políticos, modelo Bush y Aznar, recubiertos de látex; Barbaries machos del quehacer público que me suscitan lo mismo. Son políticos sin fondo, fondos musicales sin música. 

      Música, literatura y política esterilizadas. Pero todos ellos venden; se venden como condones en automáticos y drogerías. Y el sabor que nos dejan es ese mismo: el que uno tiene al salir de un consultorio o al salir de la farmacia con un antibiótico que acabará con el dolor y, a la vez, con la flora intestinal.

       Los médicos recomiendan tomarse un yogurt para contrarrestar los efectos nocivos de los antibióticos. Yo recomiendo a Joe Cocker y a Johann Sebastian Bach para superar la morfina de Julio Iglesias. 



        
 El Tiempo, 15 de julio de 2004.



Mauricio Pombo nació en Bogotá en 1955. Filósofo de la Universidad de Los Andes. Estudió lingüística en Alemania. Ha sido bibliómano, profesor, traductor de alemán y librero. Es columnista de El Tiempo. Ha colaborado en las revistas Credencial y Soho. 

(Tomado de Antología de Notal Ligeras colombiana. Maryluz Vallejo y Daniel Samper Ospina)



lunes, 1 de septiembre de 2014

Habanecer con ella en Bogotá....



Habanecer con ella en Bogotá


Fotografía tomada de soho.com.co




     Por Estefania Almonacid


          No para de hacerlo, es la muñeca de un pastel en forma de mundo, una viajara con los ojos más redondos y ébanos que existen. El límite de la mirada lo abarcaron los pucheros en forma de boca, está impregnada del personaje de la película Amelí. Un sombrero de algodón y una mariposa danzante en su pelo negro tiznado.  El saco morado, un minifalda de tirantas de corte francés años 60, medias veladas oscuras con delicados puntos blancos, y los zapatos que combinan con el capul.  Charol y punta larga, los cordones de cinta tipo arlequín. Una pashmina naranja y para darle el toque final una cartera mostaza.
     
        ----Soy una escritora vanidosa, me gusta la moda, sentirme diferente---. Se rompe el silencio y ya no es una muñeca.

       Un toque de anís en su voz, pimienta y limón. Al verla el paladar sabe a mermelada de frutos rojos, chicle de fresa y dulces regados por el vientre de una mujer, podría ser ella. También es agridulce, el toque adecuado parar curar cualquier mal de delirios y depresión. Existen personas que calman cualquier calamidad, tienen la fuerza en un cuerpo bello y lleno de energía, es pureza aunque parezca que viven feliz en una cama.

       
       El periodista Cristian Valencia la mira consternado y le pegunta:

           ---- Tú que naciste rodeada de músicos. ¿Tocas algún instrumento?---

       ----No, yo lo único que toco es a mi esposo que es pianista--- El puchero y la nariz se hace más puntiaguda.

       Nadie en el auditorio de la Biblioteca Pública de El Tunal se atreve a preguntarle, el silencio es incomodo para ella, todos se quedan atónitos, es el imán de sus ojos.  Dice que Bogotá huele a miel, flores, gas metano y marihuana, los labios no le tiemblan, ellos ríen, es la detective de los olores, su novela Negra lo demuestra. Ella no tiene un olor exacto, tiene tantos, será por haber nacido en La Habana, el mar trae los vientos de todas partes del mundo para que descansen en las hamacas de las casas de puertas abiertas y paredes azules y naranjas.

      Pronunciar Wendy provoca comer sandia; pronunciar Anais Nin evoca una cama de seda con libros despastados y collares de perlas desordenada al medio día; pensar en la novela Posando desnuda en La Habana, es dormir en un cuarto con pinturas antiguas, una ventana verde con una sandía, la cama, una mujer derivando ecos del mar: el cementerio para la escritora cubana Wendy Guerra.
         
       ----Los padres se mueren, los amigos se los lleva el mar y los esposos van y vienen----.  Es una mujer elegante.

      Levanta la mano y la mueve de forma eficaz hacía fuera, gesto típico cubano; para ser escritor en la Habana el reto es traducir el ademán. Su literatura tiene el encanto de ser muy femenina, pero parte de ser mujer, lo que logra la sobriedad es la disciplina, escribir todas las mañanas cualquier cosa, pero escribir, si no es una novela puede ser una carta de amor.
       
          ----Cuando uno no es García Márquez tiene que escribir todos los días----  Dice.

      Los diarios son la espina dorsal de su literatura, de ahí la complicidad con la escritora norteamericana Anais Nin. Empezó a escribir diarios desde muy pequeña y al igual que Nin, la motivo el enamoramiento hacia el padre. Aunque los dos son diferentes, el amor  de Nin fue de cuerpo y alma, el de Guerra fue trasgresor. Es la figura paterna  símbolo de la motivación sexual y literaria, la belleza en la recuperación del afecto y el adorado regreso al hogar. Las dos son niñas, es sabido que para ser escritor y sensible hay que tener la pureza de la infancia.
       
        ----El diario como la posibilidad de nombrar las heridas para curarlas--- Afirma Guerra.

          El culto al cuerpo como la única forma de mantener una individualidad espiritual. Es bella, al parecer siempre la alumbra el “Habanecer”, no se sabe dónde guarda tanto sol, tanta arena, kilómetros y melancolías en ese cuerpo delicado. Es diferente y si vistiera de verde oliva lo seguiría siendo. El gemido de placer de las calles de cuba lo lleva en un odio enamorado de su país natal. Ella es música, un monologo sonoro que alivia la simplicidad de quien la escucha. La literatura es mujer, una espalda pálida para que el destino haga de las suyas en su imaginación de magnolias y tabaco.
      
      ---- ¿Cómo hace el amor una cubana?, ¿cómo hacen para cubrirse del sol y tener una bella piel?, ¿dónde estás los presagios, la descendencia africana, la brujería, la santería?--- Alza la voz de anís.
   
        ----¿Dónde?…. Nadie en cuba ha escrito eso----. Levanta el libro Negra al auditorio.
     
    ----Yo soy nieta de Fidel Castro----. La última frase la dice con ganas de querer irse.


        La frase del huracán. Guarda silencio y se marcha como la gente del mar.


Agosto, 2014