domingo, 22 de junio de 2014

El destacado de la semana...


COLECCIÓN DE TIPOS RAROS


Tomada de: es.wikipedia.org

Por Álvaro Burgos Palacios


    ES posible que usted tenga una colección de tipos raros. En la vida nos es dado ver a decenas de personas que por una u otra razón no se parecen al común de los mortales, sino que poseen rasgos sui géneris. 

        Para poner un ejemplo cito a dos personajes memorables en la literatura del boom: los cronopios y las famas. ¿Quién no ha visto a alguien que se aparta de todos los moldes y asume su existencia de manera insólita? ¿Quién no conoce a alguien que lee hasta el amanecer, espicha el tubo de crema dental por otro lado y se engolosina con música como el jazz o los conciertos para órgano de Juan Sebastián? Bueno, ese puede ser un cronopio. 

     En cambio las famas son previsibles. Son personajes de ocho a doce y de dos a seis a los que no asaltan ninguna duda metafísica ni se les hace raro que un violinista camine sobre el tejado.

    Las famas, hombres y mujeres, son previsibles, ordenados, elementales, obvios. Si alguna cosa extraña les ocurre es que no les ocurra nada. Son lisos y simples como un balín metálico. Es lo que más se parece a su personalidad. Las famas creen que la paz es un asunto de bala y la guerra un imposible para la humanidad.  (Para más datos sobre los cronopios y las famas, favor releer Rayuela, novela aleatoria de un argentino nacido en Bélgica, Julio Cortazár). 

      No voy a nombrar a ese par de tipos raros, salidos de la vida y consagrados por la literatura: Don Quijote y Sancho Panza. Y no los nombro porque muchos de mis lectores pueden creer que son prototipos existenciales de dos clases de personalidades muy comunes cuando, en mi opinión, son tan insólitos como humanos. 

      Pero la curiosidad por los tipos raros no quiero que desaparezca al ofrecer a esos los españolitos nacidos en el 1605 de magín de don Miguel de Cervantes.

     Hablemos de raros raros. Supe de un hombre que dormía sobre el duro piso frío, no porque no tuviera una cómoda cama sino porque sus huesos y sus músculos reclamaban la dureza gélida del piso.

    Conocí a una persona que se lavaba las manos treinta veces al día. Trabajaba vendiendo muebles viejos y ese era su chicle. Otro que tenía colección de cadáveres de moscas. Uno más que se la pasaba mirando imágenes en el microscopio sin saber ni pío de biología. Otro que hablaba de libros superpequeños para leer con lupa. 

     Uno, que leía las conferencias de derecho sobre el tejado del templo de Santo Domingo, en Popayán. Otro que enloqueció por consultar a la ouija para cualquier caso. Otro que todo lo pendulaba para saber si lo hacía o no. 

     Dentro de estas opciones hay algunas que lindan con neurosis y psicosis, pero estos pertenecen al respetable mundo de la locura abierta. Cerca de mi casa hay un hombre que se suelta a hablar como si tuviera un radio entre las tripas y dicta conferencias sobre lo divino y lo humano hasta más allá de medianoche después de haber hablado doce horas seguidas. Ese, claro, no es un tipo raro sino un enfermo locuaz.
      Se reciben aportaciones sobre tipos raros. 


El País, "Campaña", 14 de febrero de 2006.


Tomado de :
http://ntcboletin.wordpress.com/
Álvaro Burgos Placios, periodista, escritor y abogado, nació en Bogotá, en 1945. Máster en Ciencias Políticas en la Universidades Javeriana de Bogotá. Ha ejercido como juez y catedrático universitario. Redactor del diario El Tiempo, jefe de redacción de Cromos y coordinador editorial de El País de Cali. Ganador de varios premios de periodismo. Su obra literaria figura en los libros colectivos Obras en marcha y Antología inédita de Colombia.

Tomado de Antologías de Notas Ligeras colombianas. Maryluz Vallejo. Pg. 342





      
      

      

lunes, 2 de junio de 2014

A propósito del gran triunfo en los caballos de acero...

Premio al ciclista desconocido 

Vuelta a Colombia 1964.Cochise, Montoya, Gómez y Hernandez.
Los 4 primeros de esa vuelta. Tomada de 
http://decolombia.net/


Por Próspero Morales Pradilla


   La carrera de "ciclistas", que actualmente se adelantan en el país, debe ser algo muy divertido desde el punto de vista radiofónico, porque miles de radio-oyentes prefieren esta clase de programas a las audiciones de música. En tiendas, hogares y peluquerías. La Vuelta  a Colombia es una de las más emocionantes pruebas de resistencia auditiva. Terminada "la etapa", como dicen los aficionados para referirse a un trayecto, viene el descanso, que consiste en leer las informaciones periodísticas relativas al desarrollo de la competencia. Luego, discuten con el vecino las incidencias del día y a la hora de dormir, se dedican a los sueños ciclísticos. 

      Naturalmente, tan ardua labor apenas refleja los tremendos esfuerzos de cada "rutero". Aun cuando el radio-oyente queda vencido por la fatiga, no logra medir el coraje de los competidores. Estos jóvenes, alucinados por la gloria deportiva, no solo exigen el máximo rendimientos a sus músculos, sino que también entregan el corazón a la hazaña. Y no lo entregan metafóricamente, con un sentido épico de la literatura, sino fisiológicamente como futuros candidatos al infarto. 

      Pero si radio-oyentes y "ciclistas" merecen la admiración de las congéneres incapaces de cultivar tanto valor, este reconocimientos sincero alcanza su más alto grado ante la epopeya de quienes manejan la tramoya del certamen. Por los mismos caminos que siguen los "pedalistas", transita la heroica tropa de acompañantes, entrenadores y periodistas. Los primeros disfrutan de la carrera, los segundos van en pos del triunfo, los últimos soporta el peso de la gloria. Mejor dicho: estos son los verdaderos autores, consuetas y directores del espectáculo.  Sin ellos, sin sus voces y sus cuartillas, la gloria no existiría. Es fácil llegar a la meta para caer en brazos de muchedumbre cariñosas. Pero no es envidiable llegar "empolvados y jadeantes" a escribir la crónica, sondear la opinión y contar a los lectores cuanto ya han oído como radio-oyentes.

      Junto con los treinta o cuarenta "ruteros" realiza su hazaña un batallón de "ciclistas" desconocidos, cuya aventura nunca merece aplausos. Sin embargo, sería aconsejable tributarles público reconocimiento. Yo me permito sugerir la organización del premio al "ciclista desconocido", que debiera distribuirse entre el locutor, el reportero y el fotógrafo que mejor colaboración hayan prestado al desarrollo de la Vuelta a Colombia. Tal vez la Asociación Nacional de Radiodifusión, por una parte, y la Comisión Nacional de Prensa, por la otra, pudiera escoger a estos campeones que no buscan glorias, ni aplausos, ni multitudes, sino algo más humano: la noticia. 


Tomado de "El mirador de Próspero",
 El Tiempo, 31 de enero de 1954.




Próspero Morales Pradilla nació en Tunja en 1920 y murió en Bogotá en 1990. Periodista y escritor, colaborador de El Tiempo, El Espectador, Estampa, Sábado y El Nacional de Caracas. Alternó la literatura, el periodismo, y la diplomacia. A partir de los años cincuenta publicó dos columnas en El Tiempo: "El mirador de Próspero" y "Compás de espera", esta última especializada en el mundo literario. "El mirador..."era una columna breve , ligera y exquisitamente escrita, en la que la filosofaba sobre asuntos filosóficos, urbanos y culturales. 

Tomado de la Antología de notas ligeras colombianas. 
Maryluz Vallejo y Daniel Samper Pizano.