sábado, 22 de febrero de 2014

Nota ligera destacada...


EL PLOMERO

Tomada de prodradiofonicacs.blogspot.com


Por 

Alfonso Bonilla Aragón 


     No es verdad que el arte tenga mayor capacidad creadora que la vida, como lo postuló un genial y epiceno esteticista del siglo XIX. Ni Aretino, ni Rabelais, ni Boccaccio, ni el mismo Quevedo, para no nombrar sino algunos de los grandes maestros de la gran literatura picaresca, pudieron idear situación tan cómica como la que se presentó en el segundo día del año --contado en cristiano--, a una buena señora burguesa y a un discreto plomero residentes en Tel Aviv, según lo cuenta la agencia France Presse. 

     Como es bien sabido, en todo hombre duerme un electricista, un mecánico o un plomero frustrados, capaces solo de convertir en irreparables las averías que se presentan en sus casas. Fue así como en un hogar de la capital israelita el jefe, al advertir un daño en un lavado, anunció a su mujer que se dedicaría a repararlo. Requirió llaves inglesas, empaques, mangueras y demás adminículos. Mientras tanto la esposa salió a hacer una diligencia urgente.  En el ínterin, el marido descubrió una triste realidad: que como plomero no podía ganarse la vida tan fructíferamente como lo hacía como comerciante.

     El agua seguía goteando implacable. Entonces, haciendo uso del buen sentido de su raza, llamó a un profesional de la letra menuda de la hidráulica. Y él se marchó al almacén. Dice el cable que "cuando regresó la dama, encontró bajo el lavabo a un hombre profundamente enfaenado, de espaldas y en cunclillas, y que, por otra parte, se encontraba en calzoncillos ultracortos de los que sobresalía una importante parte parte  de su autonomía. Creyendo que se trataba de su marido, la esposa, alegre y confiada, posó su mano sobre el cuerpo del delito, lo que provocó en el plomero tan profundo sobresalto, que se rompió la cabeza contra el lavabo y cayó al suelo sin conocimiento.

     La señora, en quien podemos presumir un alma tan templada como la de la madre de los macabeos, no se sorprendió ni por lo uno ni por lo otro. No le produjo espanto haber puesto su mano, esa mano blanca acostumbrada a amasar la harina candeal con que prepara los panes, ácimos, en un  "cuerpo del delito" distinto al que le pertenecía con exclusividad desde el punto y momento en que el rabino le entregó a su novio por esposo. Ni tampoco que el plomero se hubiera sorprendido hasta los límites del descalabro y el desmayo, por haberse visto sorpresivamente acariciado por una mujer que no era su Sara. Simplemente llamó a una ambulancia y mientras tanto aplicó compresas de agua helada en la herida de su víctima, tal como le habían enseñado en la escuela de enfermería, dado que ella, como todas las mujeres de Israel, tienen bien sabido que "milicia es la vida sobre la tierra", sobre todo cuando se es ciudadana de un Estadio al que crean enemigos insomnes.

    Los mozos de la ambulancia portaron al herido en una camilla. La señora, "recobrando su buen humor habitual", se puso a contarles la divertida historia que acababa de ocurrirle. El cuento les hizo tanta gracia que, entre carcajada y carcajada, la camilla empezó a moverse de una manera inquietante, hasta que el desventurado plomero, que empezaba a recobrar el conocimiento, se cayó escaleras abajo y se rompió una pierna. 

    Agrega la France Presse que el honesto, escandalizado y descalabrado artesano se ha presentado ante los tribunales en demanda del pago de prejuicios. Y aunque no se conocen lo que los curiales llaman hechos o fundamentos del libelo, es fácil presumir tres: primero, la inesperada caricia que se le obligó a "padecer", sobre algo de su anatomía que es propiedad exclusiva de su Sara.

    Segundo, la ruptura del crisma originada por el consiguiente descalabro. 

   Tercero, la fractura de la tibia a causa del culposo descuido de los camilleros y de la señora que los distrajo de su tarea con su picante historia...

     Y así queda planteado un problema para los estudiantes de derecho: ¿Tiene razón el plomero? ¿O simplemente estamos ante uno de esos hechos de la vida que suelen suceder cuando la dueña de casa es mujer de iniciativas y fácilmente excitable ante el espectáculo del marido en calzoncillos más breves que el más sumario bikini?


Tomado de Bitácora, Bogotá, Presidencia, 1984.


Alfonso Bonilla Aragón, caleño,  nació en 1917. Con formación de abogado, desempeñó varios cargos políticos y diplomáticos. Simultáneamente ejerció el periodismo y colaboró en El Tiempo, Relator, Occidente, El País, El Pueblo. Se hizo popular por sus columnas "Bitácora" y "Birlibirloque". Fue un ilustrado cronista de la provincia colombiana desde donde también ejerció como defensor de sus libertades. Debido a la censura renunció al periódico Relator en 1960.


       

lunes, 10 de febrero de 2014

El destacado de la semana....

...¡Vaya "día del periodista"!


"No permito que nadie se acerque mientras escribo"

Por Alegre Levy


Febrero 10 de 1976


   ---¿ Día del periodista? ... Ah! verdad que hoy es el "Día del periodista". ¿Qué cómo la pasé?... No, igual que todos los días... ¿Y por allá que han hecho?... ¿han celebrado?

    La pregunta a los colegas sobre cómo había transcurrido su "día nacional" les sonó a broma. Casi todos rieron al otro lado de la linea telefónica para luego coincidir en calificar la fecha como "un día común y corriente". En otras palabras, una jornada tan agitada como de costumbre . Porque en el "oficio maldito" ---como lo definió Sartre--- lo raro sería un día calmado.

     Para darles un idea aproximada de lo que es un "día corriente"en un periódico, decidí comenzar en casa. Y caminar 20 pasos hasta la oficina de nuestro jefe de redacción, Enrique Santos Castillo. No fue necesario entrar en ella. Desde la puerta se divisaba perfectamente el panorama: Nueve redactores rodeaban su escritorio. Todos tenían papeles en la mano y se disputaban el tuno para hablar. Al mismo tiempo, seis teléfonos timbraban sin parar y dos secretarias entraban continuamente para decirle "lo llama fulano por la línea cuatro.... que el doctor mengano no se encuentra .... el corresponsal de Medellín espera en el dos... Gabriel no puede venir a trabajar hoy, pues amaneció enfermo, pues amaneció enfermo... que de la portería preguntan si puede atender al señor J, L..."

    Así que decidí devolverme cual rayo y esperar un momento de menos atafago para "caerle" y preguntarle por fin: "Jefe ... ¿cómo pasó hoy el Día del periodista?".

     ----Tranquilo, ¿sabes?...  ---me respondió---. Me levanté como de costumbre a las 8, leí los diarios y llegué al periódico a las 9 y media. Atendí muchas llamadas y repartí el trabajo a los redactores. El primer mal humor del día fue como a las 10... Una llamada de un "lagarto" desde Tunja para pedirme una recomendación. Perdí cinco minutos y las consecuencias, claro está, las sufrieron las secretarías por haberme pasado la llamada... 

     .... Como a las 11 ---prosigue el itinerario--- nos reunimos con la junta directiva de la Asociación de Diarios para tratar lo relacionado con la asamblea de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) que se reunirá en Cartagena en próximo mes. 

     ---Almorcé con mis hijos Luis Fernando y Enrique, en casa. Enrique estuvo contándome sus experiencia de 20 días en Cuba. A las 3 regresé al periódico, me reuní con los jefes de sección para acordar la primera página de mañana...

     ....Luego tuve la segunda rabieta del día, al enterarme de que ninguno de los redactores había asistido al homenaje del "Día del Periodista".  Se me pasó el ataque realmente rápido, pues los teléfonos ---enemigo número uno de los periodistas-- no pararon de sonar.

     Don Enrique Santos sólo tomó un tinto en todo el día, contra cuatro que tomo usualmente. A las seis de la tarde bajó a la armada , hizo algunos cambios en la primera página. En las dos horas siguientes subió a la redacción unas quince veces y a las 8 de la noche se puso el saco. Estaba invitado al coctel de los periodistas y a una recepción diplomática. Entre las dos alternativas prefirió irse a casa "rendido".

     ....Y si no fuera porque mañana es jueves y puedo jugar mi golf, la semana sería interminable", remata. 

    "Trabajé de lo más bueno"

    José Salgar, director de "El Vespertino", pasó el día " de lo más bueno, trabajando como negro". Se levantó a las 6 y media, como de costumbre, a leer periódicos. Después de desayunar redactó una nota sobre el Día del Periodista que dictó por teléfono, y otra titulada "El hombre de la Calle", que suele escribir en casa. 

    "Hice varias llamadas a los redactores para organizar el trabajo del día, y a las 1o fui con mi esposa Inés a una foto en la Universidad Javeriana. Se suponía que en la polémica intervendrían otros periodistas invitados, pero "nany". No fue ninguno, y mi esposa y yo tuvimos que responder un bombardeo de preguntas que nos lanzaron 150 estudiantes de periodismo...

     "Almorzamos en casa y a la 1 y media fui a la oficina, coordiné la edición del periódico de mañana, diagramé páginas y trabajé como loco en la preparación de material para la conmemoración de los 90 años de "El Espectador".

    José Salgar, más conocido en el ambiente periodístico como el "Momo Salgar", estuvo dando vueltas entre la redacción y la armada hasta las 9 de la noche, hora en que retornó a su casa completamente agotado.

     "....Y volver al hogar desolado" 

    Don Roberto García Peña, director de "El Tiempo", también vivió el  "Día del Periodista" como una jornada "común y corriente". Esa fue su jornada de ayer, narrada por él mismo: 

     "Levantada de las 6 de la mañana para comenzar a leer los periódicos a las 7 y dedicarme a escribir a las 9. Llegué al periódico a las 10, me reuní con los comentaristas a las 11, corregí lo que había escrito antes en casa para que la secretearia lo sacara en limpio, lepia artículos de comentaristas y antes de la una regresé a casa....

     "Al,orcé con mis nietos y con mi yerno Jaime Posada, reposé unos minutos y ya de regreso, tuve el placer de toparme con Alegre Levy para conducirla a su suplicio...

    ".... Ahora acabo de corregir las pruebas del editorial , voy a seleccionar el material de las paginas editoriales del próximo viernes, a leer los periódico regionales, a tomar apuntes de lo que pude ser interesante para respaldar, y luego a chequear la armada de la páginas cuarta y quinta.

    "A las 7 y media de la noche, volveré al hogar un tanto desolado...."

     "¡ Vaya Día del Periodista!"

    Ignacio Becerra, jefe de Redacción de "La República", se levantó a las 8 de la mañana. Una hora más tarde llegó al periódico.

    "Comencé el día organizando el material, y a las once me reuní con el gerente y el director. Antes de la una asistía al almuerzo ofrecido a los periodistas en la Escuela de Suboficiales de la Policía, donde me entregaron un diploma ...

     "Regresé a la redacción a las 3. Son las 8 de la noche y aquí seguiré trabajando hasta las 10 u 11.

      "Como puede ver fue un día común y corriente ...."

      "El madrugón de los miércoles"

       "... Ayayay!... Hoy me tocó madrugar para llevar a mi hija al colegio".

    Ese fue el comienzo del día para Gabriel Ortiz, director de Alacode (Asociación Latinoamericana de Comunicaciones). Todos los miércoles - por tradición- lleva a su nena a clases. 

      El periodista fue a su oficina a las 9 de la mañana para echar un último vistazo al periódico y el libro que sale hoy a la luz bajo el título "Agonía del Cuarto Poder".

     "Después de un paseíto por la imprenta, almorcé con algunos colegas en compañía del doctor Felio Andrade. Fue un almuerzo típico en Casa vieja, durante el cual comentamos la pelea entre López y Lleras..."

    !... A las cuatro me acordé de que debo viajar a Nueva York este sábado, así que que corrí a reclamar el pasaje. Pasé de nuevo por la imprenta , volví a la oficina, hice cuatro llamadas a México y aquí me tienen  -- 9 de la noche--- terminando de preparar unos informes que debo llevar a Estados Unidos".

5 levantamientos y 3 incendios      

    Me pregunté antes de continuar la encuesta si el día había sido tan " normal y tranquilo" para un cronista judicial. Y recibí la misma respuesta .

      Pero veamos qué es un "día corriente" para Angel Molina, redactor de este diario, cuyo trabajo transcurre entre levantamientos de cadáveres, comisarías e inspecciones de Policía.

     "No hubo mayor cosa... A las 9 recibí información de la Estación 100 relacionada con dos levantamientos de cadáveres de dos personas que fueron atropelladas por carros fantasmas. Diez minutos después inicié el recorrido habitual por la comisarías, y en la del Norte hallé el levantamiento de doctor Aquila Barragán. Pasé al f-2 y no encontré noticias, así que fuí a almorzar. A las 2 y media fuí al f-2 del Estado Mayor con mejor suerte: 18 personas detenidas por hurto y peculado contra la Enmpresa de Energía de Bogotá. Son las 4 de la tarde... A cabo de llamar a los bomberos y me informan que tres vehículos fueron incendiados. También un  último chequeo de comisarías anunció otros dos levantamientos pendientes.

     "... En resumen, este ha sido un día de mucha tranquilidad en comparación con otros. Bueno, ya era hora de tener un descansito...".

   
"Dicen que soy acaparadora. Yo también lo creo"
 "Lo lamento..."


      Ahora ustedes se preguntarán cómo pasó el "Día del Periodista" quien escribe estas líneas.

     La verdad es que sólo recordé la conmemoración a las 3 de la tarde, gracias a un regaño de mi jefe por no haber concurrido al almuerzo que nos ofrecía la policía. El resto del día lo pasé preguntándole a los periodistas cómo habían pasado el "Día del Periodista".














10 de febrero de 1976. "El tiempo". 
Sacado de "24 horas en la vida de una reportera."