domingo, 12 de enero de 2014

El destacado del domingo...



LA MADRE DE GABRIEL GARCÍA MÁQUEZ
Y CIEN AÑOS DE SOLEDAD

Tomada de cvc.cervantes.es


Por Alegre Levy

     A García Márquez no le gusta que sus familiares se metan en sus asuntos. Le aterra que cualquier descripción más real de Macondo destruya su maravillosa versión de Aracataca, como se llama en realidad el pueblo donde transcurren los Cien años de soledad.

    Todavía lamento que su madre no haya podido "soltar la lengua" del todo, ya que su hermana y cuñada se encargaron de hacerla callar en varias oportunidades, porque "eso que tú dices no le va a gustar a Gabito". 
      Así y todo aquí están las consecuencias. 

     
    ¡Y no se olvide!

    Doña Luisa Márquez de García me invitó amablemente a entrar en su casa del barrio Manga en Cartagena. Una casa enorme, casi desocupada porque según me explicó después, la familia iba a cambiar de residencia.
    Todavía con indisimulable gesto de curiosidad, me hizo sentar y permanececió callada en espera de alguna explicación de mi parte. Las cosas cambiaron cuando vio entrar poco después al fotógrafo. Entonces se horrorizó. Porque como me aclaró repetidas veces, nada la asusta más que una mala foto.
      Dijo que una vez un periódico capitalino su fotografía y cuando vio que aparecería  "como una negra mal vestida" quiso comprar toda la edición, cosa que le resultó imposible. 
       Así que nos insistió durante toda la visita que le retocáremos la foto, sin saber todavía para qué o parea quién iba ser. Y aun cuando nos perdíamos en la polvoreda que levantaba el taxi, me gritaba de lejos:
     -¡Y no se olvide....lo que le dije....!

     
      De aquí para allá


     -- Todavía no me siento vieja. Tengo como 63 años... Nací en Riohacha y de 5 años me llevaron a Aracataca. Mis padres fueron Nicolás Ricardo Márquez y Tranquilina Iguarán.
       Tuve un hermano que murió en Bogotá. También tengo como 10 hermanos ilegítimos... Nunca he llevado la cuenta y a muchos ni los he conocido.
         En Aracataca viví hasta que tuve veinte años. Allí conocí a Gabriel Eligio y me casé con él, un año después en Santa Marta.
          Después de la boda vivimos poco tiempo en Riohacha y volvimos a Aracataca. Allí nació Gabito.
           Otra vez salimos de Aracataca. Fuimos a Barranquilla y regresamos al pueblo. Entonces nació Luis Enrique.
             Volvimos a Barranquilla y nació la primera mujer: Margarita.
              Luego tuve allí mismo a Aida que hoy es monja.
              Volvimos a Aracataca y nació otro varón: Gustavo. En ese mismo viaje nació Ligia.
              Fuimos otra vez a Barranquilla y nació Rita.
              Pasamos después a Sucre.
              Allí nacieron Hernando, Alfredo, Jaime y Eligio Gabriel.
              Yo quería otro Gabriel porque el primero, Gabo, se había ido de la casa.
              Nacieron once hijos en veintiún años y ya perdí la cuenta de los nietos.


           Lo que hacen

           El padre, Gabriel Eligio García, hoeópata o -mejos dicho- médico naturalista.
           Luis Enrique, contador.
           Margarira, oficinista.
           Aida Rosa, monja.
           Ligia, casada.
           Gustavo, topógrafo.
           Jaime, ingeniero. 
           Hernando, estudiante.  
           Alfredo, sabe un poco de cada cosa y trabaja cuando le conviene.          
           Eligio Gabriel, estudiante universitario. También escribe.

        
           Yo los viví. "Cien años de soledad"

           
Tomado de cvc.cervantes.es
-- No los he leído....yo los viví.
          Ya no me impresiona lo que dice la gente, ni lo que leo en los periódicos, porque Gabito -según me cuentan- dice muchas cosas en su novela que yo viví. Otras en cambio me parece un poco raras. 
          -- ala mayor virtud de Gabo es la buena memoria. ¿Sabe usr¡ted? Gbito cuando estaba pequeño pesteñeaba mucho. La abuela decía que él estaba sufriendo una afección en la vista y le aplicaba remedios...
          Ahora que está grande le pregunté por qué cuando niño pesteñeaba tanto y me dijo que para captar mejor las cosas.
          Además Gabo era muy preguntón. Mi papá, que lo quería mucho le contestaba siempre todas sus preguntas. Gabo lo llamaba "Papalelo" y todas las tardes salían los dos cogidos de la mano, a dar la vuelta a la manzana donde vivíamos en Aracataca.


          ¿Quién es quién?

         --- Mi papá, que según el esposo mío es Aureliano Buendía  en el libro de Gabito, trabajaba muy bien el oro... hacía pescaditos muy bellos. Lástima que no guardo uno para mostrarle.
             --- Él se casó son mamá en Riohacha y allí nos tuvieron a nosotros. Yo tenía apenas cinco años cuando fuimos a vivir a Aracataca... por ese entonces comenzaba la bulla de las bananeras y se bailaba la cumbia con billetes en lugar de velas.... nadie se agachaba a recoger la plata que se caía porque había mucho dinero.
              --- Mi papá era en Aracataca persona respetable. Siempre tuvo buenos puestos. Fue tesorero, colector, y estaba dedicado a la política. Era considerado la máxima autoridad del pueblo y la gente lo quería mucho. En nuestra casa se hospedaban siempre los personajes que llegaban a Aracataca. La vida era muy feliz.
              En el pueblo sí había cementerio. No es como me cuentan que dice Gabo en su novela. Se llegaba por una avenida de palmeras.


              ¿Por qué me metí en esto?

      Mi idea inicial fue la de conversar con la madre de García Márquez. Pero sin esperarlo apareció su padre. Un hombre alegre, jovial, hablador muy dueño de sí mismo. Además no revelar más de cincuenta años, aunque va para los setenta.
       Un poco después llegó como la mitad de sus hermanos y-poco a poco- los sobrinos que se fueron multiplicando hasta que en un momento me pareció ver un batallón infantil -interminable- que con el mareo se me triplicó.
          Cuando hice la primera pregunta, todos hablaron al tiempo.
       Aquello se volvió un manicomio. Sí, un manicomio. Porque esto de entrevistar a los García Márquez- o mejor dicho a los Buendía-resulta trabajo de un siquiatra.
           Madre, padre, hermanos y sobrinos lanzaron opiniones algunas veces contradictorias pero siempre espontáneas.
           --- ¡Ajá! Los personajes de Gbo en " Cien años de Soledad" existieron todos, pero fueron muy distintos en la realidad,
              --- Por ejemplo, los gitanos. Ellos sí iban al pueblo, pero Melquíades no existió.
              --- El que sí existió fue un belga llamado Emilio, que era alquimista.


         ¡Y nació Gabito!

        --Nosotros somos los Buendía.
        --La casa nuestra es Aracataca era mitad zinc, mitad palma.
        --¡No digas eso mamá! Tí estás acabando con la casa que Gabito describe en su libro.
        --A medida que iban naciendo los hijos, construimos más cuartos en la casa.
     En el primero, cerca del patio.
         Todos en coro: 
          ¡Nació Gabito!
        --Pero cerca había otro patio que era donde se bañaba Remedios, la bella.
        --Remedios sí existió pero no era bella. Fue una india que se ocupaba del oficio de la casa y nunca más la volvimos a ver.
        --¿El castaño donde ataron a José Arcadio?
         --Ese sí existió. Estaba en el centro de un patio que llamábamos " La rosa".


       ¡Eso lo cuento yo!

      --¿La historia de las bananeras?...
      --¡Eso lo cuento yo y no me interrumpan! Yo estaba vivo y ustedes o no habían nacido o eran unos mocosos.
    --Lo de las bananeras ocurrió tal como lo cuenta Gabo en Cien años. Nosotros no estuvimos en la matanza de la estación, pero nos los contaron los que lograron salvarse y regresar a Aracataca.
          Eso fue lo que oímos:
          Los trabajadores de la compañía frutera exigían más prestaciones. El conflicto se fue alargando porque no había entendimiento entre la compañía y los empleados. Estos últimos estaban influeciados por unos revolucionarios, entre ellos una señora Cano y un señor Mahecha.
       Entonces los obreros comenzaron a boicotear los trabajos, a detener el tren y a no dejar trabajar y, en vista de que no conseguían un arreglo, terminaron por establecer su propio gobierno.
         Los comisarios de la compañía fueron cerrados y el gobierno estableció estado de sitio y nombró jefe militar al general Carlos Córtes Vargas, quien comenzó a imponer la ley marcial.
        Pero los obreros, influenciados por las prédicas de los revolucionarios, no cumplieron  las órdenes militares hasta que un día invadieron la plaza de Ciénaga. Fue cuando el jefe militar ordenó disolver el tumulto y dio a los obreros tres toques de corneta como plazo para dispersarse. Después del último toque insultaron a Córtes Vargas y fue cuando él ordenó disparar...
       ...Dicen que la primera ráfaga la lanzaron al aire, pero lo segunda sí dio en el blanco. No se sabe cuántos fueron los muertos... dicen que tres mil.

     
      Hablan los viejos

      Ahora el diálogos -y por fin- es solo con los padres del escritor, don Eligio Gabriel y Doña Luisa, que dicen:

      Los éxitos de Gabo

     ELLA: -a mí no me impresiona lo que dice la gente ni lo que leo en los periódicos. Además, me cansa saber que hablan tanto de él.
   ÉL: -Pienso lo mismo que Gabito cuando hablábamos de esa novela... que iba a se una novela común y corriente. Ahora en todas partes hablan mucho, pero sólo de él como si hubiera nacido del aire. Porque aquí también estamos nosotros. ¿O no?

    Sus rarezas

    ELLA: -Gabo le tiene terror a los murciélagos. Cuando ve uno, sale a perderse.
    ÉL: -Y no le gusta entrar a una casa mientras sepa que allí murió alguien. Pero eso no es una rareza porque lo mismo nos pasa a todos en la familia. Por ejemplo, ¿ve usted que todo está empacado ahora? Pues era porque nos íbamos a mudar a una casa esta misma semana. Por suerte nos dimos cuenta de que allí murió un señor hace algún tiempo.

      Su ausencia

     ELLA: -Yo estoy acostumbrado a la ausencia de Gabito. Él se ha casado de invitarme a Méjico y a Barcelona, pero no quiero ir tan lejos. Además le tengo terror a los aviones.
      ÉL: -Yo sí quisiera ir a sonde él está, pero sin ella no quiero hacerlo.

      
      A cambio

      ELLA: -Vamos con frecuencia a Aracataca a visitar parientes y amigos... Desde que llegamos es una sola fiesta hasta que nos vamos.
       ÉL: -A mí eso me recuerda mi juventud. Me gustaba mucho el baile; yo cantaba y recitaba versos. ¡Vaya tiempos sabrosos!


           Vivir 
     
       ELLA: -Me gustaría vivir como en el pasado. Esos tiempos sí que eran buenos. No los cambio por los de ahora. 
         ÉL: -Ay,  ¡qué buenos tiempos aquellos...! Lástima que no se puede regresar al pasado porque -de ser así. yo de buena gana volvería a mis pueblo y amis andanzas.

       
          Hippies


       ELLA: -¡Ay no! Que se acabe eso. Es lo peor que puede haber llegado al mundo. Me parece una cosa absurda y ridícula.
       ÉL: -A mí sí me gustan. Yo de buena gana me hubiera dejado crecer las mechas y me hubiera ido a recorrer el mundo.


     Curas rebeldes

     ELLA: -Eso sí que no. Yo no creo que el sacerdote -venga lo que venga- debe ser fiel a su religión.
     ÉL: - A mí tampoco me gustan. Estoy desorientado hasta con ese "clerigman" que usan. 


       La mayor satisfacción


       ELLA: -Tener una hija monja.
      ÉL:- Pues haber hecho todo lo que quise. En mi juventud, allá en Aracataca, me conquisté siempre a las mejores hembras. Era un buen bailador, cantaba hasta bien, recitaba, bebía  y parrandeaba como Dios manda.
        Ahora lo que más me gusta es estar al lado de mi mujer.

       
        La música

       ELLA: -Adoro la música folclórica pero la del interior-esta de la Costa no es que me guste tanto-. La moderna, con esos silbidos y estridencias, me enferma.
       ÉL:- A mí me pongan toda la música clásica que quieran. No la cambio por ninguna otra. Como verá, yo soy una persona que leo lo que me cae a las manos, incluyendo todo lo que escribe Gabito. Por ejemplo, puedo decirle que la obra suya que más me gusta es El coronel no tiene quién le escriba: ese fue el coronel Márquez, mi suegro, pero con la diferencia de que a él le escribían todos los días.
       También me gusta el arte, pero el clásico. Sin embargo, mi verdadero fuerte es la ciencia, soy homeópata. Desgraciadamente es profesión está muy desacreditada en Colombia. Así que para usted, médico naturista. Por ejemplo, dígame de qué sufre. ¿Amibas?... Tome este sobrecito y verá que en nueve días está como nueva. Todas las mañanas disolver una cuchara en una vaso de agua fría... antes del desayuno!

      Comida 

     ELLA: -Me gustan los platos que comemos en la Costa.
     ÉL:- Yo digo como el que tiene hambre, no hay mala comida.

       
     Recuerdos

     ELLA: -¿Mi mejor recuerdo? El día en que Gabriel me dio el anillo de compromiso.
     ÉL:- Mi vida de soltero. ¡Ah! ¡cómo gocé...!  Y claro el compromiso -debajo del almendro- con doña Luisa.

    
      En la otra vida

     ELLA:- Me gustaría ser como soy ahora.
      ÉL: - Digo como ella. 

    
    LOS DOS EN CORO:- Lo que pasa es que somos tan felices que nos gustaría ser iguales en la otra vida.



Tomado de El Tiempo. Bogotá, marzo 8 de 1970. 
Versión tomada de  24 horas en la vida de una reportera. 
Editorial Molino de Papel, Medellín, 1977.
    
         





     
          

     





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