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Mostrando entradas de abril, 2013

El destacado de la semana...

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TRABAJO AL AMANECER
Por José Umaña Bernal
Está el escritor en su mesa de trabajo. En el claroscuro del amanecer. No es la noche ya; ni el día, en el cielo una distante franja violeta. El violeta de los poemas de Juan Ramón Jimenéz. Que tuvo el corazón sembrado de violetas. Aun cuando quiso ser sobrio, cerebral y metálico. En los árboles frescos de la lluvia nocturna, brincan los primeros trinos. El escritor abre la ventana; es trasparente, seco, helado, el aire. La primera lección del nuevo día; escribir con limpidez, con claridad; entre el hielo y la luz modulada. Que el trópico circundante se llena de guirigayes y dulcedumbres. El clima del escritor es la zona media. Y en la vigilia del viaje ---¿hacia dónde?--- Sin iracundia, ni entusiasmo. Nada entusiasma, o indigna, ya al escritor. Conoce, en muchos años, el clima y la altura, y las gentes que los habitan. Está el escritor al margen de todo riesgo. Ninguna encrucijada lo sorprende. (Siempre asediado de encrucijadas). Conoce las águ…

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LA NÁUSEA


Por Eduardo Zalamea Borda (Ulises)

Un militar, un obrero cesante, una dama solitaria, cuatro niños que juegan desganadamente, unos cuantos árboles que parecen alzar desesperadamente las ramas al cielo en un interminable desperezarse, una fuente de la cual sale un lento chorro de agua desganada, una estatua que duerme su metálico sueño interminable, son los elementos de ese paisaje que resume todos los tedios: un parque de Bogotá cualquier día de trabajo a las tres de la tarde.

¡Qué desolación más singular! Entre el verdor de los prados y de las hojas de los árboles, entre las explosiones cromáticas de las flores, que bajan la cabeza bajo el sol de altura, parece reptar como un ofidio maléfico, un inenarrable fastidio.
Capital del bostezo, no es en ese lugar ni siquiera posible la pereza, que tiene algo de lujo. Se trata, más bien de un tristísimo aburrimiento, casi de una náusea sartreana. Y quien llega a mirarla por un instante cara a cara, se siente con algo pegajoso e incómodo…

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SIEMPRE ES DOMINGO
Por Eduardo Caballero Calderon
Aunque yo no tengo el menor sentido cronológico y nunca sé cuál es el día ni la fecha entre semana, reconozco el domingo aún sin abrir los ojos. En la ciudad es más silencioso, un oasis mudo en medio del ajetreo frenético de las semanas. En el campo el ladrido de un perro o el canto de un gallo llegan más pronto que otros días, en una atmósfera delgada y trasparente. En el recuerdo los domingos infantiles aparecen dorados aunque afuera, en la calle o en el huerto, no hiciera sol. Imaginariamente los contemplo como a un lienzo donde el tiempo se hubiera cristalizado dentro del marco.
Años más tarde, en el fervor de la adolescencia y el presentimiento del amor,  el domingo me ardía en la piel y era una quemadura al aire libre. Dejaba de dormir para comenzar a soñar: sueños poblados de imágenes , con niñas que jugaban en el parque o pasaban raudas en bicicleta, con los ojos más brillantes que entre semana y la cabellera más luminosa por ser …

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RETRATOS


Por Juan Lozano y Lozano 
No me hablen de la vanidad de los ricos, decía Cándido; la vanidad es privativa de los que, por su pobreza, no tienen en qué fincar orgullo. Ayer la lluvia me arrojó forzosamente al zaguán de una fotografía de mala muerte.  A lo largo de dos muros y dentro de vidrieras quebradas y desportilladas, estaba expuestas toda la inconforme vida de los humildes, toda la aspiración de los feos, toda lucha de los menos preciados por aparecer ente alguien mejor de lo que son, más felices de lo que tocó en suerte. 
Allí aparece el portero, echado atrás el pecho, con el aire del dominador de la vida, el pie izquierdo adelante, y el brazo derecho extendido, con un numeroso haz de guantes en la mano. El sargento de policía, en cambio, abandona por un momento su postura naturalmente marcial, y aparece sentado delante de una mesa, el codo apoyado sobre ella, la barba suavemente apoyada sobre el último nudillo de los dedos, en actitud de considerar el problema del univers…