martes, 26 de marzo de 2013

El destacado de la semana....



EL AMOR ES COMO UN DOLOR DE MUELAS 
Te despedí - Christian Krogh (1852-1925)
Por Luis Tejada

El amor es una enfermedad de hígado tan contagiosa como el suicidio, que es una de sus complicaciones mortales. Sin embargo, ambas han sido convenientemente dignificadas, elevadas a una categoría sentimental, acaso por la imposibilidad de la ciencia para elaborar una terapéutica apropiada. La languidez, la suspirante actitud de las doncellas medievales que derraman su palidez por una ventana con la misma seriedad con que una lavandera derrama un balde de agua, no era sino el resultado lógico de una alimentación pasada de proteínas.

The studio- Edouard Vuillard- 1912
Pero lo más peligroso de la enfermedad amorosa es lo que ella tiene de teatral. No sólo en su esencia, sino en sus elementos accidentales. Tan pronto como se presentan los primeros síntomas, el paciente se vuelve impaciente, elabora argumentos, monta su aparataje escenográfico  con el más complicado sistema de bambalinas suspirantes, de consuetas literarios, de telones decorados a brochazos de lírica timidez; y empapela las paredes de su pensamiento con  cartelones aparatosos que anuncian una conmovedora obra ceñida a los cánones de un auténtico dramatismo de escuela, para después, a la hora de la función, salir con una pantomima.  De allí que las más grandes obras de literatura universal, no tengan otro fin que encontrar la vulnerabilidad hepática del lector.

Con el amor, como con toda enfermedad contagiosa, sucede que quien la contrae tiene indefectiblemente a quien cargarle la culpa.  Aunque después venga el período del aislamiento, de la cuarentena sentimental, que que los dos enfermos, después de innumerables rodeos, logran encontrarse en el sitio espiritual donde su identificación sintomática comienza a acentuarse y su enfermedad a volverse crónica.

Es el período emocional en que el paciente puede ser desahuciado con la epístola de San Pablo. El hígado se anquilosa, la mujer palidece, el hombre pierde el apetito y se convierte en idiota o filósofo. No le queda entonces otro recurso que especular sobre la metafísica del olvido, que unos ----demasiado precipitados----resuelve con el suicidio, y otros con una papeleta de ruibarbo antes del desayuno.

Revista Semanal Ilustrada  Sábado, 2 de marzo de 1929.



martes, 19 de marzo de 2013

El destacado de la semana...


El Salto de Tequendama es el lugar indicado para ir a suicidarse, eso lo dice en esta nota Uribe Escobar, para él es mejor morir aquí que en una cama incomoda y vergonzosa...
¿Qué opina usted?

UN SALTO MORTAL

Hotel "encantado" en el Salto del Tequendama

Por Ricardo Uribe Escobar

    He leído, en El Correo que un caballero bogotano se arrojó al salto del Tequendama, que es como decir se lanzó al abismo horrible de la muerte. Es indudable el más bello modo de salir de Colombia para siempre: un suicidio poético, épico, heroico, y acuático.  

    Quitarse la vida es cosa reprochable y pecadora, pero es tan feo dejarse morir en una cama,  entre el mal olor de los medicamentos, rodeado de los curiosos del barrio, de los criados, y de la perentela, todos con los ojos clavados en la cara en la cara agonizante, viendo los ridículos gestos que uno hace para soltar el alma, con una mosca rebelde en la punta de la raíz , conque dizque lo ayudan a uno a morir bien, y pensando en el hoyo negro, frío y estrecho, en los latines de Leonel y Quintín, en los rezos del padre Henao y en el negro Sapirris, con sombrero de copa y fumando tabaco , llevándolo a uno a los brincos, en su coche ridículo, al cementerio. 

   Yo quisiera poder ejecutar mi salto mortal en el mismo salto del Tequendama , tranquilamente, sin avisarle a nadie y dejando una tarjeta de despedida para la patagonia. De este modo me evitaría todos los inconvenientes apuntados, le ahorraría a mi sobrina el fastidio de las visitas de pésame y los gastos de entierr, no se verían obligados los periodistas a hacerme el suelto necrológico del cliché, ni les daría ocasión a mis amigos de recordar mis faltas y debilidades.

   Pero ahora recuerdo que no sé nadar....

1921, 7 de junio.

Tomado del Almanaque de don Alfonso Ballesteros.
Medellín , 1983.

Diré más...

Fotografías antiguas del Salto de Tequendama


Uno de los paseos preferidos por la sociedad bogotana fue sin lugar a dudas la visita al Salto del Tequendama, desde tiempos inmemoriables este fue unos de los sitios turísticos más importantes del país, en la imagen Francesco Di Domenico Cozzarelli (de pie) celebra su cumpleaños junto con toda su familia. Los Di Domenico fueron los pioneros de la industria del cine en Colombia (1916). 

El paseo al Salto incluía etapas bailables en Soacha y almuerzo en lugar cercano a la caída del río, los recorridos eran amenizados por conjuntos de músicos “de buenos palos” que interpretaban bambucos, danzas y pasillos.

Soacha: Salto del Tequendama – Año 1895
Paseo bogotano al salto del Tequendama


Fotografía tomada en el año 1943






Fuente:


martes, 12 de marzo de 2013

Recordando...Documentales colombianos


UNOS POCOS BUENOS AMIGOS

Por Luis Ospina

“...si dejas obra, muere tranquilo, confiado en 

unos pocos buenos amigos




El escritor y crítico de cine Andrés Caicedo se suicido a la edad de los 25 años, eso es lo de menos, un acto banal que no se compara con quitar pedazo a pedazo la Cali precoz. Este es un documental que habla de este escritor como un fantasma vivo que tenía una curiosidad a la muerte,fue así que quiso pasar desapercibido por las callejuelas que lo vieron palidecer. 

Diré màs... Encuentre más sobre este documental en 


El destacado de la semana...

Conozca por que Calibán piensa que en esta tierra sufre tremendos temblores políticos, pero sin embargo todo sigue igual

ALGO ES ALGO

De izq. a der., Alfonso Villegas, fundador de EL TIEMPO, Mariano Villegas y Eduardo Santos Montejo.

Por Enrique Santos Montejo


    He vuelto a la ciudad. Dos semanas de ausencia, y cree uno que todo ha cambiado; que han sucedido aquí cosas tremendas; que el gran partido Liberal tambalea y el Conservador está haciendo pinito, recién salido de la tumba, como Lázaro. Y nada. Todo igual. El mismo chino ofrece el mismo billete de lotería, en la misma esquina de la calle 14, frente a La Cigarras, en donde los mismos contertulios siguen haciendo la felicidad de la patria, de las seis de la tarde en adelante; de Cruz Verde baja el mismo soplo helado, moderador de entusiasmos y fabricante de neumonías; Laureano Gómez, que declaraba melancólicamente en el Senado que estaba un poco más viejo, se hallas tan joven como nunca. 

    Más que cuando dictó en el Municipal aquellas conferencia inolvidable y apocalíptica en la cual demostró, con toda clase de argumentos, cifras datos en mano, que este desventurado rincón de tierra en que vivimos, era de todo un punto de vista inhabitable. Carecía de pasado y de porvenir; era una verdadera estafa de la naturaleza; un suelo estéril y malsano, poblado de una raza mulata, perezosa, charlatana, incapaz de trabajo fecundo. No teníamos remedio posible. Nuestras riquezas ,puras  patrañas, nuestro civismo, necedades; nuestros estadistas, unos pobres diablos. Recuerdo el terror del inmenso auditorio que llenaba el Municipal. 

   Cuando calló el conferenciante quedó allí una atmósfera de suicidio colectivo o de emigración en masa hacia aquellas regiones de las cuales decía el doctor Gómez, con su hermosa voz barótono: "¡Esas sí son tierras de humanidad!". Sí, el doctor Gómez está tan joven como cuando hace cuatro lustros largos principió su campaña contra los follones. Hoy esgrime con el vigor de entonces el mismo tomawack sobre los mismo follones, que todos creyéramos desaparecidos o muertos, pero que surge a su paso como la mala yerba, y que el común de las gentes no suele distinguir. Para ello hace falta el ojo clínico que adivine en ciudadanos en apariencia normales, a bandidos escapados de presidio por la torpeza o la benevolencia de las autoridades...

    Nada ha pasado. ¡Y yo que venía resuelto a encontrar un ambiente de tragedia capaz de indemnizarme de la paz campesina! Empero todavía confío en que esto no sea sino una falsa calma. Nuestros arúspice de cabecera, el carísimo Guillermos Bonitto, me notificó anoche, lleno de satisfacción que por ahora no habría sino fuertes vientos, pero que en agosto tendríamos, sin duda alguna, violentos temblores. Algo es algo.


La danza de las horas y otros escritos, Bogotá, Libros del Cóndor, 1969.

martes, 5 de marzo de 2013

El destacado de la semana...

"No andaba colgado de las vanidades y reposó en la almohada de una deliciosa independencia. Tejada era un poeta del goce adorado de lo pequeño en su sentido literal"
José Gers

REFLEXIONES DE UN CRONISTA RECIEN CASADO
Por Luis Tejada

Mi querido Peréz Sarmiento:

Con cierta discreta indiscreción me pides para tu revista algunas reflexiones matrimoniales, ya que yo he cometido la sublime calaverada de casarme  sin saberse cuándo ni cómo.

Un paisano, muy aficionado a los chistes simples, decía que el matrimonio es un negocio en el que el hombre pone el capital y la mujer los gastos. Tal vez haya algo de verdad en ello, pero en este caso, el matrimonio sería el único mal negocio en que sale ganado el perdidoso; porque se gana una mujer, esa cosa extraña y magnifica que es una mujer, ese delicioso animalillo de ojos fulgurantes, ese pequeño se magnético que ves por la calle cubierto de pieles, tan mimoso y tan poderoso, tan delicado y tan fuerte, tan flexible y tan heroico.

Además, tener una mujer pobre, garantizada para toda la vida, es el único lujo que se puede dar un muchacho pobre; porque los otros sports, aún cuando no cuesten mucho por sí mismos, sí requieren una decoración imponente; si te dedicaras, por ejemplo, al automovilismo o a la equitación, lo menos que tendrías que hacer sería afeitarte todos los días para que te diferencien hasta cierto punto de tu chófer o de tu jockey;  dentro del matrimonio, en cambio, puedes vivir todo lo modestamente que quieras, porque tu mujer, si te ama, será capaz de acomodarse contigo en el ventilado palomar de un cuarto piso, y pasar, sin embargo, muy feliz. Amigo mío: la mujer es al mismo tiempo lo más decididamente lindo y lo más relativamente barato que Dios ha puesto en el mundo.

En esto el amor, el matrimonio y la pobreza, hay una inefable paradoja que yo no he logrado comprender jamás, pero que resulta cierta: y es que dos personas pobres juntas son menos pobres que una persona pobre sola; la fórmula huele a enunciado de teorema; sólo que es también tan absurda y tan misteriosas, como todas las formulas exactas; yo no he podido explicarme nunca por qué menos por menos da más, en el álgebra de los números y en álgebra del amor.



Lo que sí aconsejaría yo a mis amigos que deseen casarse, es que no lo piensen mucho ni lo preparen demasiado; eso debe hacerse de una manera súbita y relampagueante, como cuando se va a tomar una ducha fría.


A mí me preguntan a menudo: bueno, ¿y cómo fuer eso? Y yo contesto que fue un accidente de viaje,  porque yo iba muy tranquilo para Manizales, pero, de pronto, me casé en Pereira; y ¡claro! me tuve que devolver. A fin y al cabo, el amor es una enfermedad del corazón, y lo más natural es que uno se case de repente.

Y ahora, después del suceso, no he dejado de pensar un poco en las palabras de Sócrates, quel viejo socarrón que hacía chistes transcendentales: "si me caso, me arrepiento, y si no me caso, también me arrepiento". Pero, viéndolo bien, ¿no será mejor arrepentirse uno de casarse que de no casarse? Por que lo único terrible e imperdonable que debe haber en el universo será el arrepentimiento de algo que no se ha hecho.

           Tu amigo afectísimo.
            Luis Tejada. 
El Espectador, 7 de ontubre de 1922