El destacado de la semana...

EL VETO A MICKEY

Tomado de http://contenido.com.mx
Por Álvaro Cepeda Samudio 

   Los comunistas franceses lanzaron hace pocos días un absurdo manifiesto en el que condenaba toda influencia norteamericana sobre el pueblo de Francia. Y entre las cosas que según los exaltados "camaradas" influye nefandamente sobre los franceses, está el simpatiquísimo Mickey Mouse. El ratón que un día se empinara sobre sus paticas traseras al trazo mágico del lápiz maravillo de Walt Disney, es un motivo de preocupación para los comunistas, Y no podía ser de otra manera. Michey Mouse y sus compañeros de humanísima irrealidad han conquistado para los Estados Unidos un territorio espiritual mucho mayor y más valioso que el conquistado por las bombas, los fusiles y los tanques. Los ejércitos de dibujos animados, con Mickey Mouse al frente, embarcados en sus trasportes de lata han invadido los más lejanos rincones  de la tierra. Ante los ojos asombrados de los hombres del mundo ha desenvuelto Walt Dinesney su fantástico telón y a un golpe de luz comenzando a moverse las figuras subyugantes que yacían apresadas entre las páginas de los libros de cuentos. 

    Los "camaradas" condenan al travieso ratón porque es la imagen perfecta del espíritu que anima al pueblo norteamericano. La frivolidad  el sentido que anima  al pueblo norteamericano. La frivolidad, el sentido deportivo de la vida, el goce sano y abierto de la risa que brota espontáneamente ante las cosas amables, la indiferencia ante las actitudes solemnes y el destierro de todo lo serio y desagradable que inventan los hombres para mortificarse, son las características que distinguen al ciudadano de Norteamérica.  Y todo esto es lo que encarna formidablemente Mickey Mouse y todos sus compañeros que pueblan el mundo inmortal de los dibujos animados.  

   
Tomado de http://newmediaandsocietyblog.
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     Los "camaradas" de todas las latitudes no pueden comprender que haya un pueblo que antes que en planes quinquenales para el incremento de la agricultura, piense en el incremento de los deportes como pura diversión.
Y menos aún que, en vez de quedarse en casa admirando los zapatos producidos en serie que le regaló el Estado, se vaya descalzo al destartalado cinematógrafo de la esquina a admirar las aventuras que fragua sobre el paisaje movible de celuloide la fauna humanizada de los dibujos animados. Y eso no lo pueden comprender los "camaradas", porque ellos han tomado una actitud trascendente ante la vida. Un pueblo que se ha organizado para las privaciones colectivas, para el vivir austero y trabajoso, no puede comprender que otro pueblo se haya organizado para la comodidad, para las diversiones, para la alegría. 

    El veto a Mickey Mouse es el mayor crimen que pueda cometerse contra la sana y sencilla alegría. Cuando un pueblo llega al extremo de cambiar los desfiles extravagantes de los ratones que organizan cruzadas contra el gato que se relame los lacios bigotes, de los patos que vistiendo su uniforme marinero comandan una cáscara de nuez sobre un mar de tintas azulosas, de los pericos que hablan portuges y bailan las zambas (sic) de ritos suaves y pegajosos, cuando un pueblo cambia toda esta deliciosa irrealidad por los desfiles de altivos soldados, de tanques deslumbrantes, de aviones que ofuscan el cielo con motores, ese pueblo está irremediablemente perdido para la paz. Muy mal anda quien veta a Mickey Mouse. 


 Tomado  de  Antologías, Bogotá, Concultura, 1977.

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