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A bordo del Magdalena

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    Detrás de las casas de colores está la casona que la engalana un imponente árbol. La sombra calma el calor de la mañana, se ahuyenta el ruido y la bandada de hojas secas arrastran el camino de las personas que visitan el Museo del Río Magdalena, situado en Honda (Tolima) Colombia y construido en el año 199o.
     Estando dentro del ‘Cuartel de la Ceiba’, como se llama la casa del museo, la serenidad se posa por las rendijas y se cuela por los tobillos, han pasado bastantes años desde que la edificación era la Bodega Real y puerto fluvial en el siglo XVII, donde entraba y salía la mercancía del Nuevo Reino de Granada, además, junto al puerto de Cartagena conformaban los únicos del país. No obstante, embarga un silencio, casi siempre pasa lo mismo en los lugares con cargas históricas devastadoras, como si los tímpanos del espacio se hubieran roto después de tanta algarabía del pasado.


Ese día de la visita los objetos del museo pertenecían más a la inquietud de la soledad, que a los o…

Vida y pasión de una pitonisa

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Nos cuenta la prensa de hoy que Mariana Madiedo, la célebre cartomántica que durante años ha llenado con su sabiduría la historia de las creencias supersticiosas de Bogotá, fue llevada ayer a la cárcel, detenida por un "affaire" cualquiera. Se dice que ella al poner las cartas, con toda su sabiduría de noventa años (noventa años de conocer las pequeñas ambiciones humanas), dijo a algunas muchachas que su porvenir estaba en el cine. Y las muchachas salieron despedidas a caer en la red de engaños que les tendían la Colombiana Films, empresa destinada a pescar chicas incautas.

Y se culpa —¡habráse visto injusticia!— a Mariana Madiedo, dizque porque ellas las incitó a iniciar esa nueva carrera. 

    Habría que pedir y esperar que los señores de la justicia tengan un poco de comprensión. ¿Por qué habría de engañar Mariana Madiedo a sus consultantes? No hay razón justificativa: para ella ha pasado ya toda la vida. Una larga vida de ilusiones que se trenzaron y que al volver sobre s…

La casa de Gaitán, el silencio inquietante

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    Recorrer la casa de Jorge Eliécer Gaitán es encontrarse con la intimidad de los fantasmas de días de ternura, fortaleza y derrota. Es traspasar la mezquindad del olvido y convertirse en vértice de un recuerdo familiar, trastocado por un espíritu libre y sabio que pudo conmover a muchas personas. Él aún parece sentado en su escritorio, concentrado, luego mirando por la ventana, merodeando el pasillo, entretenido jugando con su hija Gloria en la habitación rosa, volver al estudio a recibir llamadas y después bajar al comedor a almorzar junto a su esposa Amparo, un buen plato de ajiaco. 
     Por eso la casa que por años ha estado deshabitada no huele a polvo, es de un olor que se ha ido desvaneciendo, pero que se niega a desaparecer… Es un aroma a hogar y a familia reunida. Aún los platos están dispuestos en la mesa para ese almuerzo del 9 de abril de 1948; el minutero quedó quieto y cada objeto en el mismo instante que lo mataron a Él, al padre, al amigo, al esposo, al sabio, al cau…

Vulgar y sentimental historia de la hampona Bárbara Jiménez

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      Cuando Bárbara Jiménez llegó a Bogotá tenía 16 años. Tenía un sex-appeal desconcertante. Un par de ojos negros, un par de labios rojos y otros encantos, así, pareados. Bárbara vino de un pueblecillo tolimense, de cálido clima, en que las flores del café regalaban la atmósfera con su perfume vegetal, y el paludismo pintaba de amarillo los rostros sonrientes de las mozas. En el pueblo había 156 cotudas ancianas. 145 cotudas jóvenes y 67 mujeres en estado de ser cotudas. Se fumaba tabaco ( calillas ) . Se bailaba la guabina y el bambuco. En las fiestas de San Pedro, los trajes de holán trazaban circunferencias de amor y azotaban el aire caliente. En las fiestas de San Pablo se tomaba guarapo. Había un cura, socarrón y dadivoso. Había cuatro ricos. Tres señoritos, cinco señoritas. y Bárbara Jiménez, que era la chica más pispa del pueblo.     De los cafetales, de la entraña misma de la tierra, respiraba un aliento maleante y pervertido. Bárbara se tragó una vez este aliento. Y cometió…

Pisar el páramo más hermoso del mundo

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A una altura de casi 4.000 metros sobre el nivel del mar se encuentra el páramo de Ocetá, ubicado en el municipio de Monguí en el departamento de Boyacá. Un lugar de belleza impresionante y considerado el más bello del mundo, según organizaciones ecologista, expertos y caminantes.


1. 

    Desde que era una niña hasta entonces mis ojos sienten felicidad al ver a King Kong, el gigantesco gorila de la selva que fue a parar a un rascacielos de New York (Estados Unidos) con una mujer atrapada en la mano. Pero lo que más recuerdo es la escena de la película cuando los exploradores caminaban por la inmensidad de montañas y rocas, entre la bruma y el eco de la naturaleza en la búsqueda de un mito. Nunca imaginé que estando el Páramo de Ocetá iba a trasladarme a un paisaje idéntico al grito del gorila enamorado. ¡Increíble!





2. 

    Antes de subir al páramo se realizó una parada al parque principal de Monguí. El sol tenía los ojos abiertos, la música sonaba en pleno fulgor por la verbena que se re…

El antihéroe de San Silvestre

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  Ustedes han oído hablar de mí, pero muy pocos saben quién soy. Para empezar diré que soy un hombre mediocre. Ésa es la verdad. No soy el deportista número uno de Colombia, hay otros mejores que yo. Piensen en Cochise, por ejemplo, él es mejor. 

    No tengo la culpa de que los periódicos hayan hecho de mí un mito. Nunca he querido dejar de ser cualquiera. No soy un predestinado. Claro que fui campeón de San Silvestre, eso nadie lo puede negar, como nadie negaría que es un hijo de su mamá. 

    Pero ese triunfo no lo conquisté por ser un predestinado, ni gracias a los dioses, sino a mis piernas, a un entrenamiento tenaz. Lo demás son cuentos. 

   En atletismo no hay milagros. Hay esfuerzo y sacrificio, y ganará el que más pueda correr dentro de las condiciones físicas y técnicas más eficaces. 

   No creo que la estrella de la buena suerte decida por uno. Personalmente tengo la estrella más negra que puede alumbrar sobre el destino de un hombre. Nunca me fío de las estrellas. 

   En la vi…