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La cárcel del amor

     Algunas llaman a este pabellón ‘El infierno’ porque el calor adentro de las celdas sube hasta los cuarenta grados. Es un cobertizo de hormigón y tejas de eternit con cielo raso de tablas. Las camas son literas de cemento que cada una adorna con lo que tiene: paisajes recortados de revistas, guirnaldas de papel, flores de plástico, fotos de hijos que hace años dejaron de ver, de hermanos muertos, de nietos que todavía no conocen, de madres que esperan. La cárcel se llama Casa Blanca, está en el barrio 20 de Julio de Villavicencio y es única: allí viven 1.268 hombres y 82 mujeres.



      Para los reclusos, el pabellón de las mujeres no es el infierno. Ellos prefieren llamarlo ‘El cielo’ y cada uno tiene una razón distinta, a veces la misma.
       A fuerza de la proximidad de unos y otros, apenas separados por una reja metálica, la dirección de la prisión se ha ido convirtiendo en una suerte de oficina de parejas. Los mayores líos para su director no son fugas, o motines, o riñas, o i…

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