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En el jardín

El tío Marco Aurelio Velosa Guerra no habla, pesca el gesto en el aire, enrolla el cuerpo y modula  los días pasados. El tío Marco tiene la mirada azul, la piel marcada y un cuarto en un ancianato. 

      La última vez que lo vi estaba sentado en medio de la casona en Úmbita, Boyacá. Recuerdo un sol que estuviera a punto de caer sobre nosotros y parece que así hubiera sido, pues las mujeres que cuidaban del tío murieron, luego el ancianato y pasar las horas envueltas en la rama de un árbol. 

       Después de más de cinco años sin verlo, llegué a Chinavita (Boyacá), lo encontré acompañado por ojos distantes, abiertos, cerrados, ojos que dejaron de ser hace mucho tiempo la apariencia del sueño.  Las monjas nos condujeron a la familia y a mí, al comedor donde un grupo de abuelos y abuelas miraban televisión. Unos dormían, otros saludaban, algunos inmunes ante nuestra presencia.





      Al fondo se veía el jardín, el solar y una casa campestre. Miré las ventanas abiertas, después al tío Marc…

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